El centro Papa Francisco alimenta niños

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El lugar, tiene como propósito fundamental darles la merienda todos los días y brindar apoyo escolar a los niños a la salida de la escuela.


El barrio Gomensoro es, junto a otros conglomerados urbanos, la zona más densamente poblada del departamento de Guaymallén. La mayoría son familias de trabajadores cuyos sueldos no alcanzan para llegar a fin de mes. Las escuelas públicas, los centros de salud y algunas entidades les ayudan con alimentación y los cuidados del cuerpo; sin embargo, no alcanza.

Alrededor de la pequeña Capilla de Lourdes, de Irigoyen y callejón Picheuta, comenzó a organizarse una importante ayuda para los chicos de la zona. Desde la parroquia Sagrada Familia los ayudaron y desde abril funciona el “Centro Comunitario Papa Francisco” que tiene como lema: “Jugar, aprender y rezar”.

Todos los días atienden en el lugar a 150 niños que vienen de 16.30 a 18, después de la escuela, a tomar la media tarde: chocolate con facturas es lo que todos comparten. Luego pasan a otro salón donde dos maestras, María Soledad Adrover y Gabriela Marchesini, les ayudan en sus tareas escolares.

Fanny Calderón coordina el grupo de 10 voluntarios que trabaja en ese centro. Se mueve de un lado a otro llevando platos con facturas y vasos llenos de leche.

Otras mujeres hacen lo mismo: “Y también atendemos a muchos bebés como ese que tiene la señora” apunta Fanny y señala a una mamá que recibía una mamadera con leche para dársela a su hijito. “En total son 30 los bebés que vienen a tomar la leche con sus mamás” afirma y recuerda que “estamos haciendo memoria porque tenemos por nacer unos 10 niños más”.

Los chicos que llegan al centro van desde los bebés a los 12 años, “pero en realidad no importa la edad, todos los que llegan tienen algo para comer” dice una de las voluntarias.

El centro comunitario cuenta con un pequeño comedor y cocina donde entran “apretaditos” unos 30 niños por turno. Cuentan con los baños y habitaciones para guardar la mercadería. También tienen un salón grande, con escenario, para los grandes actos. Allí, los pibes comparten varias mesas para hacer las tareas de la escuela y recibir el apoyo tan necesario.

Fanny expresa sus anhelos que son compartidos por los otros voluntarios: “Ojalá que vinieran a jugar, nada más”. Afirma que el objetivo es “contener a los niños, darles algo de comida y apoyarlos en las tareas de la escuela”. “También es necesario recibir a las madres para que tengan un espacio donde compartir con otras mujeres” explica la coordinadora. Indica que también concurren todas las semanas dos médicas que controlan a los niños.

Todo lo que consumen los pequeños es producto de donaciones que la gente hace todos los días y por semana. Hace falta leche, chocolate, azúcar, facturas, pan, tortitas. Algunas familias y panaderías comprometieron su colaboración durante las últimas semanas.

También se suma el aporte económico de algunos jóvenes del departamento que se hicieron cargo de la reparación de los techos y ampliaciones. Fanny, por su parte, rescata la ayuda de un grupo de trabajadores del Poder Judicial que todos los meses, con sus salarios, reúnen unos pesos y lo entregan al centro.

Fuente EL SOL

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