“El sistema de protección debe comenzar antes de que un niño cometa un delito”

Así lo afirmó Sebastián Revairols, vicedirector del Instituto de Menores Agote, en diálogo con AGENCIA PACO URONDO y en referencia al debate por la baja de la edad de imputabilidad. Facebook Twitter Google+ WhatsApp Telegram Compartir

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APU: Hace bastante se viene dando el debate de la baja de la edad de imputabilidad. ¿Cuáles crees que son las problemáticas que conlleva?

Sebastián Revairols: Uno de los primeros pilares por los que escuchamos que se impulsa la baja de la edad de imputabilidad es la cuestión de la seguridad. Para nosotros es una mentira porque los delitos cometidos por menores son pocos. En segunda instancia se habla de delitos graves pero, dentro de la población juvenil que ha cometido delitos, es una porción muy pequeña la que ha cometido delitos graves. Es insignificante. El debate va acompañado de un discurso relacionado con una política más represiva que siempre se caracterizó por señalar a la juventud.

Otro tema fundamental a destacar es que cuando se habla del tratamiento de los jóvenes para que no vuelvan a incurrir en el delito; la discusión es de fondo y primaria. Uno no puede pensar que el sistema de prevención de derecho y de garantía va a funcionar desde el Sistema Penal, porque estaríamos confundiendo los roles de cada organismo. ¿Cómo puede ser que el sistema de protección empiece después de que un pibe comete un delito? Nosotros trabajamos y estamos convencidos de que el sistema de prevención debe comenzar antes de que un niño cometa un delito. Empieza con la asignación universal, con la educación, con condiciones dignas de vida dentro de los lugares más marginales que, lamentablemente, es donde más se dan los casos de delito.

APU: Es decir, ¿cuestiones básicas que tiene que tener un pibe para no tener que salir a robar? ¿Cierto nivel económico y cultural mínimo?

SR: Lo que busca un adolescente es pertenencia. En una sociedad de consumo se encuentra la pertenencia a través del consumo. Un adolescente que está en formación y en la búsqueda de su identidad, que no tiene los medios para consumir, para sentirse parte, va a salir a buscar la forma de conseguir las cosas a las que no puede acceder.

Si eso lo ponemos en un contexto donde hubo vulneración de todo tipo de derechos desde su niñez, si le faltaba el plato de comida porque el padre no tenía trabajo o si la asistencia a un hospital público siempre fue compleja porque había que ir a las seis de la mañana para ser atendido, etc; ahí es donde empieza el problema que termina en el delito. Porque lo que falta es un sistema de protección funcionando. Acá se cree que la prevención empieza luego del delito, cuando el joven se institucionaliza. No es así. Tenemos que estar en los barrios, en las escuelas, con las familias, con los chicos de la calle.

APU: En su experiencia como vicedirector de un centro juvenil, ¿cómo es el trabajo y el diálogo con los pibes?

SR: Nosotros trabajamos de forma integral. Tenemos un equipo de profesionales: psicólogos, médicos, trabajadores sociales. También tenemos trabajadores que están en el día a día. Acá los pibes tienen todos los días actividades de formación, se proponen escenarios diferentes, propuestas distintas. Sabemos que un pibe acá no va a salir “reformado” como se pretende, pero el mano a mano es siempre es cordial, con intereses de formación, de encontrar un abrigo en la palabra, un adulto que normativice algo. Los pibes buscan eso, no es que son el demonio como muchas veces se cree. Son adolescentes y uno no puede perder de ojo eso. Desde ahí se crean los diálogos y la comunicación.

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