¿Estamos educando a nuestros hijos en la ira?

Cualquier comportamiento de uno de los padres pueden marcar el de sus hijos. Todo lo que hacemos y decimos tiene reflejo en nuestros hijos. Educamos con los hechos y las palabras.

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Siempre ha pasado. Los niños se enfadan, tienen rabietas y la manera de reaccionar ante estos comportamientos por parte de los padres puede marcar la futura educación de los más pequeños de la casa. No sólo eso, como es lógico, los padres que demuestran y expresan su ira delante de sus hijos provocan que estos tengan los mismos ataques desde bien pequeños. Lo cierto es que los niños deben aprender a respetar las opiniones de los demás y a aceptar que su opinión, su punto de vista, no es el único.

Un artículo aparecido a mediados de julio en la USNews se preguntaba si estábamos haciendo adictos a la ira a nuestros hijos y animaba a enseñarles a pensar por sí mismos en lugar de observar como se conforman con lo que les viene dado o no son capaces de recapacitar y defender sus propias convicciones sin enfados. Y es que al enfadarnos, nuestro cerebro nos hace sentirnos bien, ya que libera dopamina y otras endorfinas, al punto de que hay personas que pueden engancharse a sus propias y justas indignaciones.

En este punto, el cerebro de un adolescente, como es lógico, es más vulnerable a la adicción a la ira. Es más, los niños pueden heredar de alguna manera la ira en el comportamiento de sus padres. La investigación de la Universidad de Brown estima que nuestras demostraciones adultas de desacuerdo hostil se mantienen con nuestros hijos más de lo que nos gustaría. Es decir, si nosotros tenemos comportamientos hostiles, de demostración de ira, nuestros hijos tenderán, como sucede en otras muchas situaciones, a copiar el comportamiento de sus padres. Aquí vendría muy bien aquello de que hay que educar con la palabra y con los hechos.

Por el contrario, y como es lógico, pese a que a nuestros cerebros les gusta estar enojados, si nuestros niños nos ven hablar con ellos con respeto y comprensión desarrollarán la capacidad del respeto y la comprensión como consta en una investigación de 2015 en la revista Development and Psycholopathology. Tenderán, también, a la imitación.

Es por ello que nuestro comportamiento debe inspirar a nuestros pequeños, debemos pasar tiempo con ellos ayudándoles a elegir un buen comportamiento, somos los espejos en los que ellos se miran. Y es que muchos de los impactos que reciben de la televisión, de internet o de la vida misma no animan a contener la ira, sino todo lo contrario.

Los padres tenemos que ser un pozo de serenidad, de agarre con la vida. Debemos ayudar a nuestros hijos a pensar con claridad y empatía, educándolos para tolerar los desacuerdos e impidiendo que caigan presa del ciclo de dependencia irracional ideológicamente impulsada. De alguna manera, ayudemos a nuestros hijos a pensar, no a decirles qué tienen que pensar. Ayudarles a discutir con argumentos es una de las mejores armas que podemos ofrecerles hoy a nuestros pequeños.

Imagen de Flickr

Source: Salud

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