La Cárcel se cuenta

El libro de poesía “Motín” escrito por Gabriel Jiménez muestra las historias del penal a puertas abiertas. El Ganador del reconocimiento más importante que se entrega en nuestra provincia, el Premio Vendimia 2015 habló con “Vecinos” sobre su libro, los contextos de encierro y la vida en Guaymallén.

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El escritor local Gabriel Jiménez, criado en Las Heras y actualmente acostumbrándose al departamento de Guaymallén, socio N° 3927 del Club Atlético Gimnasia y Esgrima, se desempeña como docente y también lleva su papel de educador a otro tipo de contextos, los de encierro, es decir, la modalidad de nuestro sistema educativo argentino que se encarga de garantizar el cumplimiento de los niveles obligatorios de la escolaridad y de estudios superiores a todas las personas privadas de la libertad. En las letras ya tiene una trayectoria, en el año 2009 publicó “Vidrio Molido” (Carbónico ediciones) y en el 2013 “Coso” (Ediciones del Dock), en el 2015 ganó el Premio Vendimia en el género poesía por “Motín”.

“Motín” nos lleva a través de sus páginas, a un recorrido por los principales penales de Mendoza, el complejo penitenciario N° 2 San Felipe ubicado en calle Planta Mura S/N esquina   San Felipe y la unidad penal de mujeres El Borbollón en calle Paso Hondo 4917 de El Borbollón, Las Heras . Desplegando su particular mirada sobre lo que sucede a partir de su experiencia como docente y tallerista, Gabriel Jiménez presenta en poemas lo que encierran las cárceles mendocinas. Según el jurado del concurso “Premio Vendimia 2015” conformado por Eliana Drajer, Diego Roel y Fabián Casas  “Motín” representa “un sólido, crítico y original graffiti de la realidad en los pabellones de la provincia y fuera de ellos”.

Gabriel Jiménez
Gabriel Jiménez

¿Tu experiencia previa te permitió abordar el tema desde una perspectiva más cercana o lejana de los prejuicios?

A partir de mi experiencia, vi que se podía hacer un libro, empecé a darle forma a todas las historias que habían y traté de buscar una voz adecuada que no significara ponerme en el lado de la víctima o ponerme a impostar una voz que no es la mía, porque yo no estoy preso entonces no te puedo contar la cosa como es. Lo mío es una aproximación de lo que veo como una persona que entra y sale todos los días.

La primera impresión que te da cuando entras a la cárcel te impacta porque te encontras con un mundo distinto y violento y de alguna manera te pega. Fui juntando todos esos impactos, todas esas imágenes, gritos e historias y supe que iba a realizar un libro, porque yo escribo, pero pensé que no lo podía hacer ahí mismo porque todo era muy inmediato y cuando estás muy alterado no podes escribir bien. Me llevó bastante tiempo tratar de buscar una vuelta el cómo contarlo y cómo decirlo hasta que armé el libro. El libro lo armé rápido pero lo que me tomó mucho tiempo fue el proceso de pensarlo, de encararlo.

¿Cómo fue escribir tres libros?

Es complicado hacer el primer libro, uno quiere decir todo, pero en sí “Vidrio Molido” está ambientado en mi adolescencia, mi barrio y demás, es más íntimo y más cercano a las experiencias personales y el segundo “Coso” directamente es como un mapa de Las Heras, trato de poner en evidencia ciertas situaciones que se daban en el barrio: la plaza, los vecinos, ciertos personajes, siempre con un tono muy humorístico que es donde yo viví toda la vida, ahora vivo en Guaymallén. Y esos dos libros tienen otro tipo de poesía que es con más ánimo, en cambio el último no, es bastante conceptual y claro donde los poemas conforman un todo, es bastante triste leerlo y no fue apropósito no era la idea dar un golpe bajo sino, que no había forma de contarlo de otro modo.

¿Cómo es vivir y escribir en Guaymallén?

Y lo estoy conociendo, me lleva un poco de tiempo conocer los lugares para escribir o para abordarlos es más ahora me voy a mudar a kilómetro 11, más alejado de la ciudad. Es raro, Guaymallén es muy grande, hay mucha gente, tiene una comunidad boliviana muy fuerte y se me asemeja al conurbano bonaerense con las casas bajas, las calles anchas es como un barrio gigante que no tiene límites donde podes seguir y llegar al campo. Y veo que también hay 2 “Guaymallenes” uno desde la calle Libertad que sería la parte urbana y el otro que es lo que está de la misma calle pero para el otro lado, y nadie habla de lo que pasa en Corralitos ni de la cultura, es como que no existe, como que no hay nada.

Guachero

No todas

las puertas del infierno

decían eso,

algunas quizás

sólo tenían

cinco puntos

dibujados

en la pared

de una garita;

en estas puertas

no hace falta

ningún poeta

que te acompañe

en la antesala,

caminás

con las manos atrás

entre las rejas y los alambrados

ya no importa nada,

ni hay carteles

que digan

caíste al Guachero,

el sistema

te lo hace saber

por otros medios:

 

estás solo

y no hay salida.

 

El Borbollón

I

Un limbo,

una nada,

una frase hecha, descansa

entre San Juan y Mendoza,

el desierto

aún más allá.

 

En el aire

cierto gorgoteo es música

e inunda el lugar,

un camión a lo lejos

completa

la ambientación sonora.

 

Un olor que el viento no se lleva

perfuma pestilente ese aire inmóvil

con la densidad de una espuma

que flota inmutable.

 

Sólo el fuego

hace que todo cambie en el basural

las casas se calientan y el paisaje se vacía

más

hasta que la basura nueva

llega a completar el espacio.

 

Los perros muertos descansan

al costado de la ruta,

adornan ese último tramo

entre la ciudad y el desierto,

la 40 es larga

y

salvo

que sea una condena

o una fuga,

 

nadie

para ahí.

 

 

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