La mano dura en la educación pasó de moda y no es eficaz

Enseñar y educar a nuestros/as hijo/a es un proceso largo que requiere dedicación, pero ahora sabemos que si se hace enseñando con una sonrisa tendrá mejores resultados que con mano dura.

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Imagen de Flickr

El tiempo en el que la educación de los hijos se inculcaba en los niños a base de dolor y castigos ya quedan muy lejos y ahora son otras las técnicas que se usan para que los niños adopten las más mínimas reglas de educación y convivencia. Cambian los tiempos, cambian los padres y los hijos y la forma en la que se educa, en la que se vive. Las psicólogas Isabel Serrano Rosa y María Ramos han escrito un artículo en la revista de El Mundo, Zen, con el llamativo título de “Educar con mano dura ya no funciona”.

Y es que en este artículo se desarrollan algunos de los problemas que tenemos los padres de hoy para educar a nuestros hijos de la mejor manera posible. Tenemos mucha información, pero no la formación para hacérsela llegar a nuestros niños. Es por ello que improvisamos, reaccionamos de mala manera y nos culpabilizamos de los éxitos o fracasos de nuestros hijos a corto plazo. Y es que todos nos acordamos que la autoridad paterna antes era suprema, no se ponía en cuestión. Ahora los padres tenemos dificultades, muchas veces, para ganarnos el respeto de nuestros hijos y ser capaces de educarlos.

Estas dos psicólogas hablan de diversos tipos de padres que se encuentran en la actualidad como los hiperprotectores, que son aquellos que dan todo lo que necesitan los niños con lo que crecen débiles. Están también los permisivos, que por evitar los conflictos y mantener la armonía negocian el cumplimiento de las normas convirtiéndolos en pequeños tiranos. Existen aún también los autoritarios, pero que provocan hijos rebeldes, y después nos encontramos con los intermitentes, que pasan de la permisividad al autoritarismo, y los asertivos, que son aquellos que dan afecto y disciplina positiva gracias al respeto mutuo y la colaboración.

Las autoras apuestan por una disciplina positiva en casa, en la que la autoestima sea una pieza básica y para conseguirla no se evitan los obstáculos, sino que se enfrentan a ellos pese a que supongan un esfuerzo. La inclusión de límites y normas es fundamental siempre que estén adaptadas a la edad de los niños y que se basen en el beneficio colectivo. Ante estas normas se deben poner también castigos si estas no se cumplen y siempre se han de hacer cumplir con amabilidad y respeto. Hay que ser positivo, no permisivo, ayudar a reflexionar y sacar conclusiones.

Concluyen las psicólogas que para madurar los niños han de convivir muchas veces con el fracaso ya que el objetivo no debe ser castigar sino enseñar, ya que la mano dura interrumpe la conducta, mientras que la enseñanza ofrece capacidades para toda la vida.

Source: Salud

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