Lectura Local para hoy

En este domingo te acercamos dos cuentos del escritor Ricardo Quevedo "El Otro Abel" y "Contrastes". Te invitamos a leerlos y disfrutarlos.

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Ricardo Quevedo. Las Heras.

El autor de las siguientes obras, Ricardo Quevedo, es estudiante de comunicación social y actualmente vive en el departamento de Las Heras. Trabaja como periodista y docente, su relación con la literatura comenzó, según sus propias palabras “en la niñez cuando uno descubre ciertos libros que impactan la naturaleza de los mitos y enigmas de la humanidad.”

Participó en innumerables festivales de poesía y narrativa, en las últimas semanas colaboró en la antología de cuentos Taller de la palabra 1 y 2 coordinado por Mercedes Fernández.

Herson, el otro Abel

         “Había entrevisto la conversión al bien y la dicha, la Salvación,

                                                                       el aire del infierno no permite himnos”

                                                                              Una temporada en el infierno (Arthur Rimbaud)                                       

Sé que me vendrán a buscar, en algún momento, como lo han hecho con los revolucionarios y con los genios, se que la tumba es el destino de todos, por eso no temo a la muerte, pues ya soy inmortal. Se de todos, todo, no como un semidiós, sino como algo parecido a un ángel que viene de lo alto, a redimir a las bestias, que han sido abatidas por los guerreros. Aunque no bebo la lluvia del cielo, ni camino los techos del averno, mi mundo es mío, y nada se parece a lo ya contado alguna vez, en los tiempos donde la creación asomaba con los nombres de Adam y Eva ¿Acaso es mi cuerpo imagen y semejanza del hombre del siglo después de Cristo? Porque ya han decaído los conceptos mesías y salvador. Yo solo soy un hombre con una mente sin límites, sin vestigios del día ni la noche. Me autoproclamo el magnate del tiempo y el espacio, el rey de las letras, el infalible poseedor del papel, de la tinta y el reino de las palabras. Es decir el amo de lo real y lo inexistente.

Sólo pocas veces alguien me ha visto caminar por las noches en mi despacho, donde imagino como será el mundo mañana. De súbito lo creo, lo diseño sin escrúpulos y con la desbordada pasión que muchas veces tenemos los hombres desdichados como yo. Es así, es la maldición infinita, pero también el regocijo de tener el oro y a los hombres a mis pies. No me considero (ya dije) parecido a dios ni al diablo, pero debo reconocer que en algunos momentos de mi vida use algunas armas de seducción muy parecidas. He comprado almas, ensaye milagros, escuche rezos, suplicas, hice ganar dinero, promocioné a los ídolos, para mimetizarme con todos y hacerme más fuerte. Dicen que la voluntad del poder no escatima ni en los hombres ni en las mujeres más débiles. Hay crimen, locura, deseos de esperanza en mi haber, pero no vayan a pensar que estoy loco, solo espero un mundo mejor, más justo a mi manera. Por algo los libros y las obras de arte me enseñaron a rebelarme contra el que estaba más arriba, y nunca jamás rendirse. Ir en contra de todo (contra la religión, contra la caridad, contra la fe, y hasta contra la humanidad) con la idea de respirar la nueva era ¿Todos tienen claro que la esencia de los humanos no es la felicidad, sino quién tiene más poder?  Nunca me he permitido llorar, ni siquiera hoy que tuve que responder a la historia, con un hecho que yo manejare con total transparencia.

He sido desdichado a pesar de mi éxito, sólo hasta hoy, en cambio él, mi hermano que siempre al lado mío forjó su felicidad de una manera que nunca pude entender. Como alguien “normal”, como todos esos mediocres que vienen al mundo a vivir, desarrollarse y morir. En cambio yo, que busco desde hace tiempo la soledad, me he visto en la obligación de decidir sobre su vida, ya está todo consumado, mi hermano ha sido ahogado por alguien X en la bañadera, la gente no sabrá que fuí yo, al menos que yo lo confiese. En la prensa dentro de algunos días, rezará un título “Murió misteriosamente Abel Herson” por el momento lo dejaré vivir un poco más.

<CONTRASTES>

La vida es un contraste infinito, quizás muchas cosas que se componen de vida/muerte, son contrastes. De un lado la ciudad impecable, majestuosa, grandilocuente, sitiadas por Supermercados y superhéroes. Después del zanjón, lo gris, el agua podrida, las moscas, los monstruos de piel oscura, la resaca del smoke. Dentro de la ciudad los niños aprenden mas idiomas que un “buen gesto”  En los alrededores, los niños aprenden a decir “mamá” “papá” y subsistencia. Así como en el ajedrez hay blancos y negros, en las urbes hay peones y reyes, contrastados por la luz. Así como en los restaurantes hay comida y risas de los que “triunfan” día a día, justito enfrente: la fotografía se completa con dos niños, un carrito, estampitas de Jesucristo  y la basura recién salida del infierno ¿Será más confortable el cielo o lo que está más abajo? ¿El odio o el amor?

El contraste es inefable, cuando pensamos que la felicidad viene envuelta y ornamentada como en los McDonalds. Los colores negros son los más puros, los significantes en un destino, los blancos son los silencios, lo que no duele, el uniforme pulcro del cura o la enfermera. El mundo estará divido seguramente hasta que muera, ahora, dentro de unos años o a los 100. El mundo se esconde de contrastes, entre lo solido y lo líquido, la tierra, el mar, los muertos en el mar, los “bajotierra” Hasta cada uno individualmente, es un Jekill y Hyde, o quizás un cúmulo más amplio de personalidades de contrastes, obvio. La desigualdad empuja el hambre, el hambre el buscar, el buscar el querer, el querer empuja la ira, la ira a veces el gatillo, el gatillo también las riquezas, las  riquezas el poder del consumo como pócima de la felicidad.

El contraste de dos personas que jamás volverán a verse, ni cruzar palabras, por una cuestión de Calendario, del reloj Universal, por 70 años de diferencia, de haberlo visto todo cada uno por su lado. Contrastes de vida, de historias de la ciudad.

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