Lo que esconden las alertas sanitarias, desde el Panga hasta el Aceite de Oliva

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Cada cierto tiempo escuchamos alertas sanitarias sobre ciertos productos que solemos usar mucho, pero siempre es interesante quién las controla y con qué objetivo.

Los alimentos siempre están expuestos a alertas en las que se nos informan de cuáles nos pueden hacer daño. Hace unos meses salió una nueva sobre el aceite de Palma. La misma se produjo después de que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicara una alerta relacionada con esta sustancia. En realidad no fue con referencia a las características nutricionales, sino a los valores contaminantes generados en el proceso de refinamiento (3-MPD, glicidol y sus ésteres) en la que se revisaron los límites máximos permitidos para estos compuestos. El aceite de Palma, así, sustituyó a otro enemigo público número uno como es el azúcar.

Para controlar las alertas alimentarias se creó a finales de los años 90 del siglo pasado la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) dependiente de la Unión Europea y que se fundó tras una serie de crisis que ocurrieron en nuestro continente con el fin de evaluar y comunicar los riesgos asociados a la cadena alimenticia, para proteger a los consumidores y restablecer y mantener su confianza en los productos alimenticios europeos. En el origen de este organismo se encuentra el deseo de asesorar y comunicar de manera objetiva y científica, basándose en la información y conocimientos científicos más actuales. Sus áreas de actuación llegan desde la sanidad animal y vegetal, los riesgos biológicos y contaminantes, la seguridad de los piensos, los ingredientes alimentarios y envasado, la nutrición, los pesticidas y los organismos modificados genéticamente.

Ahora el foco vuelve a estar en el aceite de palma, del que hay que recordar que es un aceite de origen vegetal que se obtiene del mesocarpio de la fruta de la palma Elaeis guinneensis. Ahora mismo es el segundo tipo de aceite con mayor producción, sólo por detrás del aceite de soja. El fruto de la palma es ligeramente rojo, al igual que el aceite embotellado sin refinar. El aceite crudo de palma es rico en vitamina A y E. La razón por la que su uso es masivo es porque es muy económico comparado con grasas y aceites de otro origen y, además, es muy versátil. Hay que tener en cuenta que una de las características más apreciadas es su temperatura de fusión, que hace que permanezca sólido a temperatura ambiente mientras mantiene la textura sedosa y untosa.

Entre las consecuencias adversas de tomar productos con aceite de palma está que aumenta el colesterol y puede favorecer la aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares, según la AECOSAN, aunque su uso, sobre todo, es industrial. Esto nos lleva a preguntarnos qué es una alerta alimentaria. Realmente suele hacer referencia a una situación en la que se sospecha que un producto puede afectar a la salud de quien lo consume sin que se ponga bajo conocimiento público ya que es una sospecha. Es importante diferenciarlo de crisis alimentaria que tiene que ver con una situación extraordinaria que afecta a la percepción sobre la seguridad de un producto. Una alerta alimentaria puede pasar a ser una crisis si no se gestiona bien y provocar importantes daños económicos, de imagen y calidad.

Ahora es el aceite de palma, pero antes fue el panga y tan rápido como llegó uno, se fue el otro. Conviene no dramatizar en estos casos y tomar nota, pero sin dejarnos llevar por la histeria que muchas veces rodea estas alertas.

Imagen de Flickr

Source: Salud

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