Los Cumpas; esos pibes de Pedro Molina

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Los Cumpas

Los hermanos de la risa nos cuentan sus andanzas de niños por las calles de Pedro Molina, primero, y después por el sector norte de la ciudad de Mendoza.

mero vivimos en Pedro Molina. Le llevo 6 años de diferencia a Oscar, pero los dos nacimos en la calle Moreno 1039, que después pasó a ser 1115 de Pedro Molina, y a los 9 años de él nos fuimos con nuestros papás a la Sexta Sección. Es decir que yo tengo más recuerdos de aquella época de Pedro Molina. Con 15 años me tomaba el 60″.

“¿Te acordás Franklin que tenía 9 micros la línea y hasta les reconocíamos el ruido de los motores cuando venían? Competíamos escuchando, a una cuadra y media o a dos cuadras de distancia, qué micro era el que venía. Porque la mayoría tenía motores Bedford y solamente dos eran Chevrolet. Y bueno, cuando doblaba en la esquina, festejaba el ganador.

“Eso lo hacíamos con Oscar en la siesta, cuando mamá estaba durmiendo, pero como tenía un oído muy fino, aprovechábamos el paso del colectivo para tirarnos al piso, junto a la cama.

O: Y cuando pasaba el otro micro abríamos la puerta para salir a la calle.

F: Y después de tres o cuatro coches ya estábamos en la canchita de fútbol, que era de los Salcedo. Al viejo Salcedo le decían el “Cosanoé”.

O: Porque el hombre pasaba caminando y le decían: “¿Cómo anda Don Salcedo, qué dice, cómo anda el trabajo?” Y.. la cosa noé nomás.Y así quedó el “Cosanoé”.

F: La cancha estaba a 150 metros de casa, hacia la calle Allayme, cerca del corralón de Don Izquierdo, que tenía una lechería. Él venía con la jarra de leche a la casa y mi madre le decía: “¿Cuánto le agregó de agua Don Izquierdo?”

O: Y el hombre le decía: “Nooo, viene purita”.

F: Había lugares emblemáticos, como la esquina de Mitre y Pedro Molina, donde estaba el único almacén, el de Don Amín, que tenía una sola bomba de nafta.

O: Tenía el único taxi, un Rambler boca de pescado. Era el único boliche y fue el primero en traer televisor.

F: Ya había empezado el Canal 7 a transmitir y se llenaba de pibes. Y entonces, como buen turco, Don Amín “gobraba 5 centavos bara ver el esbectáculo, ja, ja” . Y enfrente estaba la carnicería de Don Malanca (parientes de los Malanca famosos de ahora que tienen un negocio de agromaquinarias).

O: Ahí iba Medardo Sosa, que era el gran goleador de Argentino.

F: En la misma calle Mitre vivía Oscar Ubriaco Falcón, el famoso actor del radioteatro mendocino.

O: En ese entonces teníamos otro tipo de diversión; en invierno a la escuela Sayanca, que estaba a dos cuadras, me iba por la escarcha de la acequia y varias veces nos hemos hecho “bosta”.

F: Teníamos sabañones en las orejas, eran comunes.

O: Tuvimos una infancia muy bonita, porque teníamos muchas cosas para entretenernos. Íbamos con mis viejos al cine Recreo, previamente pasábamos por la heladería de Don Renón, todo eso caminando. No existía el cruce del canal (Cacique Guaymallén, Pedro Molina y Beltrán), no había puente. Con Franklin fuimos a piano desde chicos, a partir de los 5-6 años. A la maestra la teníamos cerquita; a la María Luisa Ángel. Ahí formamos el primer grupo. Él empezó más temprano en La Pandilla de Blancanieves, un programa muy escuchado en la radio, por LV 10, los domingos a la mañana hasta el mediodía. Todo niño que cantaba iba a parar a ese programa.

Después formamos un dúo justo cuando aparece Canal 7 con los programas en exteriores, en calle Necochea 465. Y ahí, en El país de las maravillas, tocamos por primera vez; interpretamos Mi burrito cordobés.

También practicamos deportes. Franklin jugaba al básquet en Sayanca y yo jugué en Pacífico. Mi hermano después jugó al fútbol en el club Jorge Newbery; todo eso cuando nos mudamos a la Sexta. Fue un cambio muy grande, veníamos de un barrio con calles de tierra, casas antiguas, a una zona absolutamente nueva.

F: Nuestra casa estaba frente al barrio Kennedy; estaban los monoblocks y 4 casas más. No había nada más; después el zanjón de Los Ciruelos.

O: Nos encontramos con gente nueva, con el Gimnasio Municipal Número 2 recién inaugurado; vivíamos en el gimnasio. También fueron famosas las guitarreadas que hacíamos en calle Bolivia, justo detrás del gimnasio. Por ahí vivía Marciano Cantero. Íbamos en el colectivo juntos; él era muy calladito, iba a la Escuela de Música en ese entonces. El Franklin era el conquistador con el piano, él abría las ventanas y la puerta de la casa y se ponía a tocar el piano y pasaban las chicas suspirando.

F: Nos poníamos con la viola en la puerta con el Paul Fermani, la Susana Becerra, que cantaba tan lindo.

O: Era toda joda sana, era una zona en la que vivían muchos militares, entonces tenían horarios muy jodidos para nosotros, que nos quedábamos hasta muy tarde.

F: En el playón del barrio Kennedy cantábamos los pibes de 15-16 años; estábamos hasta las 11 de la noche y mi mamá nos pegaba tres gritos: “Noñi (porque a mí me decían Noñi), era el primer aviso. Y al tercero decía: “Último llamado” y tenías que ir pa’ dentro sí o sí.

O: También estaba Aldo Hernández, que tocaba el piano; un grupo muy lindo muy divertido. El Franklin iba a los bailes con sus amigos más grandes y nos robaban todas las chicas.

F: Tenemos una anécdota con la hermana de la Mumi Ortega (hoy legisladora). Ellas eran 5 hermanas, muy lindas todas. Y un día, en uno de los bailes, me acerqué a una de ellas, que era preciosa; estábamos charlando y me dijo que tenía 13 años. Le respondí: “Bueno… ya vengo” (¡cómo ibas a bailar con una de 13 años!)

O: El Franklin tenía una pieza al fondo y los amigos, como el garaje estaba abierto siempre, entraban y tenían que pasar por la cocina; decían permiso y pasaban pal’ fondo. Era la cueva del vicio (The vice cavern). Ahí jugaban a las cartas, llevaban un trago, pero casi ninguno tomaba. Por ahí a uno de ellos, cada dos por tres, tenían que rescatarlo porque se pasaba con los tragos.

F: Tomábamos anís. En la cueva poníamos afiches. Íbamos a escuchar música. Teníamos al Loco Gancia, con los mejores equipos de sonido de esa época. El Juan Carlos vivía en el departamento de arriba. Los vecinos se enojaban porque escuchábamos música bien fuerte. Entonces el Loco, para molestarlos, ataba los parlantes, los bajaba despacito por afuera, por la ventana, y cuando llegaba a la altura de la ventana del vecino que se enojaba, le ponía el volumen al máximo e inmediatamente subía los parlantes, y cuando el tipo salía a la calle no pasaba nada, todo calladito… ja, ja, ja…

O: Tuvimos la suerte de tener un padre muy divertido. Él trabajaba en el Ministerio de Economía. No alcanzó a recibirse en La Plata porque tuvo que volver a Mendoza cuando se le murió la madre. Y en Ciencias Agrarias estaba en la cátedra de Economía. Trabajaba a la mañana y a la tarde nos veíamos poco. Llegaba a la noche, pero siempre de buen ánimo. Un tipo con un carácter muy especial .

F: Llegaba él y la mamá estaba enojada con nosotros por las macanas que nos habíamos mandado en el día y esperaba que papá nos retara. Y ella decía: “¿Y cómo, no los retás?”. Y él le contestaba: “Es que yo vengo frío”. No le gustaba retarnos.

O: Pero la mamá nos dejaba en la puerta, nos dejaba afuera. O apenas nos abría la puerta y nos esperaba con la skippy lista, una zapatilla de plástico que era el arma de la viejas de entonces, y te pegaba un skippitazo en el traste que te ardía hasta el otro día.

F: Los fines de semana era invariable: íbamos a Maipú, a la casa de unos primos, donde se juntaban el Chacho Vargas, Enrique Latuf, Julio Azzaroni; era mucha música todo el tiempo. Los partidos de fútbol eran contra los del barrio Irrigación, que estaba un poco más arriba del nuestro. En el equipo nuestro jugaba el Caña Álvaro; todos muy buenos amigos.

O: De otros amigos también nos acordamos, de la primaria que hicimos en la Edmundo De Amicis, en la Sexta, son Hugo Calcagno, Sandra Disindio, Rubén Lucero.

F: Me acuerdo del Daniel García y el Tomasito Tempesti. Teníamos un grupo musical allá en la escuela Sayanca, de Pedro Molina. Y allá en la Sexta, el Coco, el Rulo Vélez -que es dueño de Un Rincón de la Boca-, el Bocha Zenobi, Carlitos Zimmerman -que es el cuñado del Pocho Sosa-, el hermano de la Pochi Zimmerman. Lo lindo es que había mucha amistad y nada de maldad; gente muy sana.

O: Había cierta rectitud también, puede ser, porque teníamos muchos militares de vecinos, pero por ahí hacíamos algunas, que no pasaban de robar flores para el Día de la Madre. No tomábamos, no fumábamos, salvo el Monti Pereyra, que le decíamos Monti por Montaña de humo. Entre las pibas amigas estaban la Sonia Hernández y la Vilma.

F: O la Isabel Bátiz, que fue mi primera novia, pariente de los famosos basquetbolistas.

Fuente Los Andes

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