Marcha por Santiago Maldonado en Mendoza: “No dejes que me pierdan”

Ayer se realizó una marcha a nivel nacional por la desaparición de Santiago Maldonado. El relato de uno de los periodistas que cubrió el echo. Nos preguntamos ¡DONDE ESTÁS! en medio de la Mendoza que apresa una mujer por “no pagar el boleto de un bondi”

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Ilustración Andrés Casciani

“No dejes que me pierdan”

A un mes de la desaparición de Santiago Maldonado, las calles, las redes, y las voces se convierten en un solo grito.

¿Dónde estás Santiago? ¿Dónde estás amigo? ¿Sentís ese nombre que viaja del sur y se expande?, se estremece en la bruma de los bufones del odio. ¿Donde estas hijo? Pregunta la mujer con una foto en el pecho ¿Dónde estás hermano? ¿Dónde andas guacho, donde te tienen? ¿Dónde te han detenido? Este interpelar con dolor recorre el mundo y acá en Mendoza se la camina en medio de serpientes, en medio de repeticiones de matutinos y noticieros que confunden. Quieren desviar la mirada, juegan de locales para los visitantes. Es una lástima, una tristeza que me impulsa a salir y mirar para todos lados, buscando esa forma, esa cara que no está.

Miles de nosotros igual nos preguntamos ¡DONDE ESTÁS! en medio de la Mendoza que apresa una mujer por “no pagar el boleto de un bondi”. Está la parte que todavía sueña, que sobrevive de las garras del individualismo, de un odio horroroso que, se traza en humanidades desgastadas por la cotidianidad de frustraciones y miserabilidad. El pueblo habla, mientras los pasos de miles y miles de personas avanzan hacia el lugar donde se grita la injusticia y el hambre. Pasos que hacen retumbar el cemento de las mansiones.

¿Luchan por los Benetton, por Los Lewis, por el pibe artesano que se metió  a la lucha de los mapuches o por nadie?

La gente en contra marcha mira, aunque no consigue ver que este pibe que hace más de un mes que no aparece es uno nuestro, que lo han perdido, que lo han desaparecido. Miran los carteles: ¿Qué pensaran? ¿Les dolerá este traspié perverso de los que tienen el mando. ¿Luchan por los Benetton, por Los Lewis, por el pibe artesano que se metió  a la lucha de los mapuches o por nadie? Los cantos que se superponen a las lágrimas languidecen a los miserables. Hay mucha gente, hay mucha historia, hay mucho clamor popular enardecido y valiente.

Hay un Dios que es “neutral” y que decide no meterse en la búsqueda. La gente en las paradas de los colectivos se pregunta quizás, quien es esta leyenda que se posa sobre las retinas de los que desean la aparición. ¿Quién es en fin Santiago Maldonado? Y quiénes los forajidos que mueven los hilos del terror.

(Gentileza Alber Piazza)

Las redes se infestan en el minuto a minuto de odio clasista, de un odio proveniente de la confusión, pues exigen que busquemos también a los “otros” desde el encandilamiento de la televisión y el aturdimiento de las radios, y la ceguera de los diarios, y la insania de la ignorancia.  Se desbordan a voces las veredas y las casas, en simultaneidad con la herida que se abre.

En fin, la historia cambia para siempre todos los días, hay un manto enorme que se extiende desde el instante a instante, de estas voces que van a diferentes lugares preguntando “donde está”, que se ha reunido en las calles, el lugar donde compartiremos eternamente con los que buscan otra cosa para esos desconocidos luchadores: la igualdad.

Y seguiremos caminando entre preguntas sin soslayar, como en un rio negro y sórdido, caminando entre cobardes que se fanatizan por la espada, por esa púdica espada que supo conquistarnos por generaciones el pensamiento. Seguiremos observando en este bosque interminable y oscuro, ojos arteros que están impacientes por vernos caer. Seguiremos llorando a esos imprescindibles.

Que el resto siga en la ruta de los que viven con impunidad comprando lagos y montañas y que estos sucumban en el velo que descubre la sangre. Esa sangre que hierve dentro de nosotros, la misma que esos pocos siempre están hambrientos por hacer derramar.

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