¿Por qué nos gastamos tanto dinero en el cumpleaños de nuestros hijos?

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Los cumpleaños de hace 30 años y de ahora no tienen nada que ver. Son dos celebraciones completamente distintas donde la comodidad de los padres parece más importante que el hecho de que los niños se sientan especiales por un día. ¿Los padres gastamos por comodidad o por placer?

Es evidente que en el tema de la celebración de los cumpleaños a los padres se nos está yendo un poco el asunto de las manos. Todos queremos que nuestros hijos sean especiales y tengan el mejor de los días. Sin embargo, hay que ser consecuentes. No podemos gastarnos lo que no tenemos en una celebración que, además, puede multiplicarse por dos o por tres dependiendo de las celebraciones que se hagan: niños de clase, amigos del barrio, familiares. Lejos quedan los cumpleaños de sus padres, hace 30 años, cuando se repartían unos sándwich y unas coca-colas, con una tarta que nunca se acababa. Y a partir de ahí a jugar en la calle al fútbol, al escondite o al pillapilla.

Una de las cuestiones que han cambiado este paisaje de los cumpleaños es que con la excusa de no excluir a ningún niño se invita a todos a los cumpleaños. Eso hace imposible las celebraciones en casa como se hacía en la generación anterior. Si el cumpleaños es en primavera o verano, se puede celebrar en un parque, pero si el tiempo no acompaña se abre la veda para hacerlos en locales de bolas, preparados específicamente para estas efemérides con meriendas incluidas. Al tener que ir a 20-25 cumpleaños al año, con regalos o aportaciones para el mismo, la cuenta es cara para los invitados también. Ni que decir tiene que las familias con más de un niño multiplican este presupuesto exponencialmente.

Y es que, los grandes triunfadores de los últimos años son los parques de bolas. De una idea básica hemos pasado a auténticos espectáculos donde hay merienda, animación y hasta música. Hay cumpleaños temáticos: héroes y princesas, robots, experimentos, mundo submarino, multiaventura, gyncanas, de cocina, e incluso, en inglés. La cuenta para los celebrantes puede de ir de 10 a 25 euros, por lo que si van todos los niños de la clase… y pagan las bebidas de los padres… En este punto hay que valorar el papel de los colegios. Antes con llevar un par de caramelos para todos los niños e invitar a los más cercanos a su casa parecía ser el día más especial. Ahora los centros solicitan no llevar nada comestible, por el asunto de las alergias, y son los padres los que han asumido, vía grupo de whatapps, la celebración de los cumpleaños invitando a todos los niños e, incluso, con regalos únicos para cada cumpleañero, que muchas veces se encargan los propios padres de comprar. En otras ocasiones, cada niño se paga la entrada al parque de bolas y los padres del cumpleañero paga la merienda.

La gran pregunta ante estos dispendios es clara: ¿necesitan los niños estos cumpleaños? Según la psicóloga Maribel Gámez, en un reportaje publicado en El Mundo: “Los adultos tenemos muchas más cosas de las que necesitamos y seguimos la misma dinámica con los niños, no sólo en los cumpleaños o en Navidad, sino casi a diario, independientemente de sus logros o esfuerzos”. ¿Pero es generosidad o es comodidad? ¿Es más sencillo pagar y hacer un cumpleaños en un parque de bolas o tirar de imaginación y hacerlo en tu casa con los más cercanos?

Hay centros como el CEIP Trabenco, en Leganés, donde los cumpleaños se celebran sólo en clase, no se compran regalos y son los niños los que preparan un detalle para los homenajeados con el fin de combatir el consumismo. No hay celebración fuera del centro. Otra cuestión es que hay centros donde no se celebran los cumpleaños en el centro, todo se celebra fuera, pero los padres solicitan que no haya regalos.

Al fin y al cabo, estamos en la época en que los padres queremos darle a nuestros hijos lo que tenemos ahora y no tuvimos antes. Es más, pensamos en alergías, en niños que se sientan rechazados o regalos comunales que alguna madre puede usar para comprar el chándal del niño para el cole. Esto puede ser una equivocación. Los niños quieren sentirse especiales y cerca de sus amigos más cercanos. Está muy bien pretender que todos los niños sean amigos, pero les engañamos, ahí también. En la vida no les van a invitar a todas las fiestas. Aprender a convivir con la frustración, con una pequeña frustración, también es educar. A nosotros, los padres, no nos invitaban a todos los cumpleaños de la clase y lo veíamos normal. Hoy, hacer una fiesta especial, en una casa, con cinco, seis, siete amiguitos, con su tarta y sus regalos parece retro, pero es probable que sea lo que más ilusión les haga. Dejemos de pensar muchas veces en nuestra comodidad y pensemos más en la felicidad de nuestros niños. ¿Es generosidad o es comodidad? ¿Es más sencillo pagar y hacer un cumpleaños en un parque de bolas o tirar de imaginación y hacerlo en tu casa con los más cercanos? ¿Por qué nos gastamos entonces el dinero en los cumpleaños?

Imagen de Flickr

Source: Salud

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