Técnicas que ayudarán a que tu hijo se duerma

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No todos los niños duermen igual. Si tu hijo no es de los dormilones, estas técnicas le ayudarán a conciliar el sueño.

Técnicas que ayudarán a que tu hijo se duerma

La hora de irse a dormir puede llegar a convertirse en un auténtico drama en determinadas casas. Hay muchos niños que no tienen problema en acostarse, pero también los hay para los que ese momento puede convertirse en un verdadero problema. Por fortuna, han proliferado métodos y mecanismos para conseguir que el niño se duerma y que se vaya a la cama sin protestar.

Debes saber que los problemas de sueño son relativamente frecuentes en los niños, pero que, a la vez, cuando se cronifican pueden influir incluso en su desarrollo y en cuestiones como en el rendimiento escolar o la manera de relacionarse con otros niños. Por tanto no debemos tomar este asunto a la ligera, y si cuidar al máximo todos los detalles que podamos y que estén en nuestras manos cara a mejorar el sueño de los niños, y en este caso, ayudarles a dormir.

Existen numerosos motivos por los que los niños no desean ir a dormir, desde cuestiones emocionales como la necesidad de destacar o llamar la atención, hasta otras más mundanas como las ganas de continuar con una actividad o un juego, pasando por otras que pueden ser más peliagudas como el miedo a la oscuridad o los terrores nocturnos. Evidentemente cuando el asunto ya no sólo depende de nuestras acciones hay mecanismos psicológicos a poner en marcha con especialistas, este no es el caso en el que nos vamos a detener hoy, pero sí lo señalamos porque en ocasiones se incide tarde sobre algo que necesita ser puesto en orden lo más prontamente posible.

Cuánto debe dormir un niño

Lo primero será tener más o menos claro cuánto necesitan realmente dormir los niños, este es un asunto que ha traído y trae muchas discusiones, generalmente se puede dar por bueno el siguiente cuadro.

Recién nacido al año De 16 a 14 horas
De dos años a los cinco años De 13 a 11 horas
De los seis años a los nueve años De 11 a 10 horas
A partir de los 14 años 9 horas

 

No hay que tomarse esta tabla al pie de la letra. Por ejemplo, un niño de ocho años puede tener suficiente con 10 horas y no necesitar 11, y un niño de 14 años también puede tener suficiente con ocho horas. Lo que sí debemos vigilar es que nunca estén por debajo de estos números en la medida de lo posible, sobre todo si existen indicios de cansancio o de falta de sueño.

Uno de los principales mecanismos para mejorar el sueño de los niños, como veremos a continuación, tiene que ver con la incorporación de rutinas que seguiremos al pie de la letra. Establecer una serie de rutinas alrededor del momento de acostarse es básico para que podamos incidir de manera positiva en el sueño.

Para los más pequeños estas rutinas pueden tener que ver con la alimentación o con la lectura de un cuento o con cualquier elemento relajante previo que se reproduzca sistemáticamente todos los días al momento de acostarse. A medida que los niños se hagan mayores estas rutinas se modificarán por otras, por ejemplo, el aseo personal antes de acostarse, lectura antes de acostarse, etcétera.

La incorporación de rutinas hace que el momento de meterse en la cama sea una parte del día ya esperada, en un horario determinado y realizada con normalidad.

Y es que la segunda acción importante es que los horarios siempre sean los mismos. Ojo, es importante que sepas que no sólo el horario de acostarse debe ser respetado, también el de levantarse. De este modo vas a crear en los niños unos horarios fijos en los que desenvolverse.

La tercera acción suele ser la más peliaguda, sobre todo hoy en día donde los estímulos visuales son enormes. Resulta tremendamente importante que en la última parte del día, previa a acostarse, se reduzca al máximo cuando no se elimine la presencia de la televisión, los videojuegos, los ordenadores y en general cualquier tipo de dispositivo de estas características. En la medida de lo posible y como última acción del día tras acostarse, en los niños ya mayores podemos fomentar un rato de lectura que pueden sustituir a la lectura del cuento que cuando eran más pequeños hacíamos los padres.

Espaciar el momento de acostarse con la cena también parece una muy buena idea, y evitar el consumo de productos con azúcar antes del momento de acostarse también debería estar presente. Ambas cuestiones pueden influir de manera muy negativa a la hora de conciliar el sueño y en el desarrollo del mismo.

Por supuesto se debe huir de la tentación de “socorrer” al niño cambiándole de cama, encendiendo todas las luces o prestando atención exagerada cuando no desea dormir o cuando presenta un problema de sueño (siempre que este no sea continuado en cuyo caso necesitaremos ayuda profesional). Estas cuestiones no ayudan en absoluto a esa normalización del momento de acostarse y dormir que pretendemos.

En cuanto a la luz esta tiene que ver con unas condiciones óptimas en las que desarrollar el sueño, es decir no se trata sólo de la luz, también de una habitación ventilada, una cama adecuada, una temperatura correcta… Dicho esto dormir con la luz encendida es en cualquier caso una mala idea. En caso de necesidad y sobre todo los niños más pequeños podemos optar por una luz tenue en su habitación, recordando siempre que es importante mantener la oscuridad, es decir que no entre luz de la calle.

Y si quieres métodos más concretos, estos podŕan ayudarte:

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Imagen de Flickr

Source: Salud

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