“Yo creo que él rompió con una estructura. El cura que se puso en su lengua y en sus manos a una comunidad boliviana con todo lo que eso implica.”

Matias Arriagada contó cómo surgió su admiración y cariño por Carlos Romero. También dio detalles de su particular manera de llevar la religión, de lo que dejó y de todo lo que se llevó.

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Tatuaje de América Latina en la pierna de Carlos Romero. (gentileza)

En el mes de noviembre se cumple un año del fallecimiento de Carlos Romero. “Vecinos de Guaymallén”, realizó una serie de ENTREVISTAS EXCLUSIVAS a la gente que estuvo cerca, que trabajó y participó activamente en la comunidad junto al “curita”.

Entrevistas para Carlos: Matias Arriagada

Matias y Carlos Romero (gentileza)

¿Cómo se conocieron?

Yo lo conocí a Carlos cuando tenía 15 años, en la Parroquia Santa María Goretti, yo llegué a hacer mi confirmación en  Drummond, en Luján y estuve un año y medio haciendo la confirmación y después formamos un grupo con todos los jóvenes y empezamos a ser parte de la comunidad. Y de forma paralela, esto que vos decís, que uno siempre lo ve a él con todo su pastoral pero que también era el mismo con el que salías a andar en bicicleta, o te ibas a comer un asado, y así empezó a crecer la amistad.

Y yo por ahí tuve mi planteo vocacional, y él era mi director vocacional, después de un cierto tiempo yo ingresé a la orden franciscana. Pero lo más interesante de todo, es que nosotros nos hicimos muy amigos, desde viajes y de anécdotas tengo miles. Muchos recuerdos, primero porque me acompañó en una etapa muy importante, que es cuando vos pensas en qué voy a hacer mañana y porque como amigo fue increíble.

¿Hay alguna anécdota que te gustaría compartir?

Nosotros le decíamos el “curra” Carlos, porque curraba con ser cura, y como se fue metiendo en la vida de los jóvenes y de mi familia. A él lo que lo caracterizaba era su sonrisa y detrás de ésa sonrisa, te quiero decir que no había nada ingenuo, había una maldad, había algo de trampa siempre.

Y lo que te puedo contar es algo muy gracioso, teníamos en la parroquia un Duna, que era el Duna del pueblo, y viajaban todos. Y tenía, el cosito del limpiavidrios que estaba desviado hacia el costado, y largaba un chorro pero impresionante, y lo hacía tan feliz, llegar a un semáforo, él se hacía el distraídos y accionaba eso y mojaba a la gente.

Y así fue rompiendo las estructuras de decir –Che, es el cura pero también te podes reír de él-

¿Qué crees que significó para la comunidad?

Yo creo que él rompió con una estructura o con una imagen que era muy grande. El cura que se puso a bailar la comparsa, el cura que se puso en su lengua y en sus manos a una comunidad boliviana con todo lo que eso implica. A mí lo que mi hizo entender era que captaba todo lo de la comunidad donde estaba y que era muy feliz, y capaz muchos pueden pensar en todo lo que dio el padre Carlos, pero en realidad también fue mucho lo que se llevó.

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