0
411

Bebés SA: cómo funcionaba la red que hacía abortos y vendía niños
Una obstetra, una estudiante de medicina, un policía, un falso médico y amigas de la médica conformaban el clan que hacía abortos y vendía niños en Guaymallén.

Qué hacía cada uno y por qué van a ir a juicio sí o sí. {slide=Curiosidades}Médico falso, médico muerto: En el caso del médico falso (que se hacía llamar Dr. Moya), la policía comprobó que Aveiro (el hombre de 72 años) fraguaba su identidad con la de un médico de apellido Moya que estaba fallecido. “En la matrícula de su sello así como en sus recetarios aparecía el número de Moya, un médico de verdad que estaba muerto”, dijo un investigador.

“No son de los míos”. En una de las escuchas telefónicas, se escucha al sargento Lucero advirtiendo a uno de sus secuaces. “Los que te siguen no son de los míos (en referencia a la Policía de Mendoza; deben ser de la Federal”, indica el sargento).

Padres adoptivos que desaparecían. En la pesquisa, los detectives se dieron cuenta de que muchos padres sin hijos que estaban anotados para adoptar, de pronto se borraban de la lista. Luego, aparecían con un bebé{/slide}

Hace dos sábados, una casa de dos pisos pintada de color rosa, ubicada en calle Sarmiento de Guaymallén, era allanada por efectivos de la Policía Federal y de la de Mendoza. En esa vivienda dieron con un bebé abandonado y descubrieron una clínica clandestina para hacer partos. En otro allanamiento concretado en una casa de calle Álvarez Condarco al 2000 del mismo departamento, los policías encontraron a una mujer con una beba recién nacida y sin papeles.

Los procedimientos fueron como quitar la baraja de la base de un castillo de naipes que llevaba varios años de construcción. Como en los castillos de naipes que se desmoronan, las piezas cayeron de a una, pero rápidamente.

La pesquisa que llevaba adelante desde febrero de este año el fiscal Daniel Carniello comenzaba a dar frutos. De movida, se supo que se estaba frente a otra -de hecho no es la única- organización que se dedicaba a hacer abortos clandestinos y -en menor medida- a la venta de bebés recién nacidos cuyas madres -previo recibir un dinero- los entregan voluntariamente para que sean comercializados. La cabeza saliente de esa red es la médica obstetra Silvia Lorenzo (55).

De ese modo, comenzaron las detenciones que fueron, de acuerdo con una estructura piramidal, de abajo hacia arriba.

La primera en caer fue una mujer a la que en la organización le cabía el rol de “cuidadora”. Esta chica llamada Roxana (38), vive en la casa contigua a la de la médica Lorenzo, en calle Álvarez Condarco al 2000 de Guaymallén. Esta mujer fue la que guardó un bebé bajo la cama cuando le allanaron la vivienda aquel sábado de agosto.

“Ella (por Roxana) y otras más, eran las mujeres a las que les entregaban los recién nacidos para que los cuidaran mientras daban con los compradores del niño. La médica Lorenzo les entregaba 500 pesos más pañales, más leche durante un lapso corto, hasta que el bebé fuera ubicado (vendido) a alguna familia”; tal como indicó una fuente de la investigación.

La estructura

Más arriba en la estructura, estaban los tres únicos que ahora siguen detenidos. La médica obstetra Silvia Lorenzo (55), un falso médico de apellido Aveiro (72) que se hacía llamar “doctor Moya” y Lucrecia (22, novia del hijo de Lorenzo y estudiante de Medicina). Estas tres personas, para los pesquisas, eran las que llevaban a cabo las intervenciones con las embarazadas: “o bien para llevar adelante el parto con la idea de luego vender los bebés o bien para hacer los abortos”, sigue la fuente consultada por este diario.

Un peldaño más abajo, aparece un sargento de la Policía de Mendoza de apellido Lucero (50), quien además es pareja de la obstetra Lorenzo. Para los pesquisas, Lucero era el que se encargaba de conseguir “los papeles” de los recién nacidos: “por algunas escuchas que tenemos, él podía dar con los certificados de ‘nacido vivo’ y la libreta de salud de los menores; pero eso es algo que sigue en investigación, no lo podemos decir con total certeza”.

En la misma línea de importancia aparece Hilda, una mujer de 51 años, amiga de Lorenzo y encargada de contactar a las embarazadas que no estaban muy convencidas de ser madres. “Normalmente a ella recurrían (las embarazadas) cuando se querían hacer un aborto, pero Hilda tenía órdenes de, por ejemplo si el embarazo estaba muy adelantado, convencerlas de que tuvieran al bebé a cambio de dinero”, opina otro pesquisa.

Apenas un poco más bajo aparece Diego (23, hijo de la médica Lorenzo y novio de Lucrecia), a quien le endilgan el doble rol de “cuidador de bebés y ‘contactador’ de embarazadas”. De hecho, cuando ocurrió el primer allanamiento en la casa de calle Sarmiento, él (por Diego) era el que estaba con el bebé que dejó abandonado cuando se enteró de que la casa iba a ser requisada”, dijo una fuente de la Policía Federal.

Por último, aparece Leticia (29), a quien los pesquisas suponen en el rol de “secretaria”. “Es la menos comprometida y la que llevaba menos tiempo con los otros integrantes”. Por eso Leticia fue la primera en recuperar la libertad.

Un dato curioso es que Leticia (la secretaria), Hilda (la ‘contactadora’) y Roxana (la cuidadora), fueron madres gracias a la intervención de la doctora Lorenzo: “Ella (por Lorenzo) fue quien las asistió en el parto de sus hijos y desde allí se conocieron y entablaron el vínculo”, indicó un detective.

Cuáles son los delitos

A priori, los ocho acusados están imputados de dos delitos: asociación ilícita y supresión de identidad. El de aborto les cabe Lorenzo, al falso médico Moya (Aveiro) y a la chica Lucrecia; éstos dos últimos, además están acusados de usurpación de título y ejercicio ilegal de la medicina respectivamente.

En cuanto al delito de aborto los pesquisas cuentan con algunos elementos secuestrados en la clínica trucha pero no serían los suficientes como para sostener la acusación. En cambio, con el hallazgo de dos bebés “sin papeles”, sí se puede corroborar la existencia de la supresión de identidad (un delito contra el estado civil) y por eso esto pesa sobre todos los involucrados.

Por ahora, cinco de los acusados están libres pero ligados al proceso: ellos son las tres mujeres (Hilda, Roxana y Leticia, quienes amparadas en la figura del arrepentido consiguieron la excarcelación) y dos de los varones (el sargento Lucero y Diego, el hijo de la médica Lorenzo, quienes debieron pagar 10 mil y 5 mil pesos cada uno para salir).

En el transcurso de la semana que viene, se cree que a los tres que quedan detenidos (Lorenzo, el falso médico y Lucrecia) se les concederá la prisión domiciliaria. Pero lo seguro es que todos irán a juicio.

En ese sentido, a los pesquisas no les interesa tanto que la banda vaya presa, “si no que dejen de hacer lo que hacen”, tal como dijo una fuente judicial.

El negocio es el aborto

De acuerdo con la investigación de cuatro meses, se cree que al menos la obstetra Lorenzo lleva más de cinco años al frente de la organización que, por otra parte, no hacía su gran diferencia económica con la venta de bebés, sino con los abortos.

Hipocresía de lado, todo el mundo sabe que diariamente mujeres de todas las clases sociales se someten en clínicas no registradas a operaciones para detener su embarazo. “En este caso, eran más bien mujeres humildes las que acudían”, especula una fuente; “pero hay clínicas más caras que son visitadas por mujeres de alto poder adquisitivo; algo que todos saben y todos callan”.

Hasta donde se ha llegado con la pesquisa, se sabe que el precio de un aborto depende de lo avanzada que esté la gestación. Igual, en las clínicas como la de la médica Lorenzo, con menos de 1.000 pesos nadie se podía presentar.

La venta de bebés constituía para la organización una suerte de ingreso “extra”, pero nunca el principal.

“Para este comercio se necesita una chica que quiera vender a su recién nacido y alguien (normalmente una pareja), que lo quiera comprar. No es tan complicado dar con las dos puntas del negocio: para hacer de intermediarios, estaban los que atrapamos”, suelta una fuente judicial.

En cuanto a la venta de los recién nacidos, la red estipulaba un dinero para la madre que entregaba a su niño de entre 3 a 5 mil pesos. Mientras que quienes querían un bebé debían pagar entre 15 y 20 mil pesos en lo que estaba incluido el certificado de nacimiento y la libreta sanitaria.

Así hacían sus dineros esta gente: sacando tajada de la desesperación y de la ansiedad. La desesperación de la chica que no quiere ser madre y está embarazada. Y la ansiedad de quienes quieren un hijo y no pueden tenerlo.

Escrito por Rolando Lopez

Fuente Losa Andes

Comentar con facebook

No hay comentarios