El club que inspiró una película

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Como en el film “Luna de Avellaneda”, el Pedro Molina fue salvado por socios y vecinos que evitaron que sea rematado y demolido. El director y el actor ganadores del Oscar reconocieron la labor de los héroes.

El Club Social y Deportivo Pedro Molina, ubicado en la calle Matienzo al 2.073, de Guaymallén, abrió su puertas el 7 de agosto de 1931 y desde ese entonces se transformó en un lugar de contención para cientos de jóvenes, adultos y abuelos de la zona, quienes recuerdan la larga historia ligada al deporte y la vida social que promovía la institución.

Es que además de ser la sede donde se practicaban deportes de todo tipo, aquel lugar, mezcla de mito y realidad, también se iluminó de noche para interminables bailes animados por grandes figuras de la escena nacional, como el inigualable Alberto Castillo, cuando el siglo XX aún no llegaba a su punto medio.

Hace 10 años, con el inicio de un largo juicio de un ex empleado, el club comenzó su inexorable carrera hacia la quiebra. Incluso un grupo de “interesados” en el espacio físico que ocupa y no en el corazón de la institución, pensó en transformarlo en un hotel cinco estrellas. Sin embargo, allí apareció la incansable acción de los socios y vecinos de la zona, quienes movieron cielo y tierra para contar la verdadera historia del déficit financiero del club a jueces y políticos .

Todo comenzó con una acción legal impulsada por una persona que trabajó durante muchos años en el club guaymallino, y continuó con la declaración por parte del Tribunal concursal, disponiéndose la inhibición general y la incautación de bienes del club, según establece la ley de quiebras. En consecuencia, la prohibición del uso de la institución se hizo efectiva el jueves 2 de junio pasado, cuando un oficial de Justicia informó en la misma sede del Pedro Molina que esas instalaciones de la calle Matienzo no podían utilizarse debido al conflicto legal.

El proceso fue largo y tedioso, pero finalmente hace menos de un mes llegó una intervención del Estado y el club finalmente fue “salvado” por sus propios socios. Todavía queda mucho por hacer, el edificio se muestra muy deteriorado y hacen falta manos laboriosas y cientos de litros de pintura para que vuelva a mostrar todo su brillo.

Pero lo importante es que sus puertas permanecen abiertas para que más de 500 socios, en su mayoría niños y abuelos, puedan desarrollar con normalidad no sólo actividades deportivas, sino también programas integrales que tienen que ver con la inclusión social.

Como en la ficción

Las tres etapas en la vida del club Pedro Molina, el esplendor, la agonía y la resurrección, guardan similitud con la historia narrada en la película “Luna de Avellaneda” (2004), dirigida por Juan José Campanella, ganador en 2010 del Oscar a la mejor película de habla no inglesa por “El secreto de sus ojos”.

En aquella trama cinematográfica, el Luna de Avellaneda es un emblemático club social, deportivo y cultural, como los que hay en tantos barrios de la Argentina. Luego de vivir una época de esplendor se vio inmerso en una crisis que puso en peligro su existencia. Como, al parecer, la única forma de evitar su cierre es convertirlo en un casino, los descendientes de los fundadores se debaten entre la posibilidad de salvarse de esa manera o rescatar y engrandecer el rol originario de esa institución.

Enterados del tema gracias a una nota que publicó Los Andes mostrando la lucha de socios y vecinos en defensa del club Pedro Molina, el actor Ricardo Darín, protagonista de “Luna de Avellaneda” le comentó a Juan José Campanella la situación y el reconocido director porteño investigó hasta dar con quienes estaban al frente del plan de recuperación de la institución.

“Yo no podía creer lo que estaba escuchando en mi teléfono, era Campanella que me había contactado para felicitarnos a todos por lo que habíamos logrado. Me dijo que estaba orgulloso y que así como el nuestro, muchos clubes del interior de la Argentina estaban pasando por el mismo problema. Además se comprometió a venir a Mendoza y conocer el club”, aseguró Ivonne Ovejero, una mujer de 46 años que junto a su marido, Orlando Buenaventura, se puso la “operación salvataje” al hombro.

Pero en la ardua tarea no estuvieron solos, también colaboraron otros socios y vecinos como la presidenta de la Unión Vecinal San Mauricio, Lucía Teresita Binato, y los incansables colaboradores Luis Aldaya, del programa para adultos mayores; Sol Castro, Patricia Tello, Lorena Muñoz y Cintia Triviño, madres que prestan su ayuda con el programa “Creciendo juntos con los niños”, una de las tantas acciones sociales que hoy se lleva a cabo en el club.

“Los que trabajamos para esto contra los vivos que quisieron adueñarse del club y hasta en contra de jueces que no entendían la verdadera historia de nuestra institución, no ganamos nada. Nuestra satisfacción es que los chicos no sigan en la calle y tengan un lugar donde pasar el tiempo de manera más saludable. Los logros son ?mimos’ después de tanto trabajo, pero lo importante es que esto sea un ejemplo a seguir en todo el país”.

Fuente Los Andes

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