Barrio Antártida Argentina le hizo un monumento a Favaloro

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Ubicado en el distrito Belgrano, la barriada nació en los años ’70 gracias al esfuerzo de sus vecinos. Sólo falta el asfalto en algunas calles.

Próceres del siglo XX

Desde hace un par de años, cualquier persona que transite por la esquina de Avellaneda y Pedro Molina podrá ver un monumento en honor al cardiólogo René Favaloro. Levantado con el símbolo de la fundación y autorizado por la misma, este es uno de los últimos logros del barrio Antártida.

“Quisimos demostrarle a los jóvenes quiénes son los próceres del siglo XX porque siempre se habla de los de otras épocas”, explicó Antinori. La intención de la barriada es que el boulevard de Avellaneda en la intersección que toca al barrio -desde Roca hasta Capilla de Nieve – sea también rebautizado como “Boulevard René Favaloro”

Necesidades Actuales

El asfalto es, sin lugar a dudas, la obra más necesaria del barrio. “Hace años que peleamos por el asfalto”, coincidieron todos los vecinos. Ellos afirmaron que se encuentran dispuestos a pagar las acequias, cordones y banquinas.

Otras aspiraciones de la barriada son conseguir un polideportivo -sobre calle Araujo, al lado del centro de jubilados, hay un playón donde las jovencitas practican voley – y un centro comunitario.

Por su parte, Osvaldo Ferrer agregó que desean “la erradicación de los árboles viejos y muy peligrosos sobre calle Capilla de Nieve, entre Avellaneda y Félix Suárez”. El vecino también dijo que una obra anhelada es la ampliación de calle Avellaneda.

El Distrito

“El distrito de Belgrano es uno de los más poblados de Guaymallén y necesita de manera urgente la atención de los gobernantes”, sentenció Ferrer. “Somos un sector que, si bien no somos centro, tampoco estamos lejos. Es una zona muy comercial, sobre todo en Avellaneda y Pedro Molina. Si uno se pone a pensar hay más movimiento que en Villa Nueva”, describió Rosa Collado. Ambos vecinos participan, respectivamente, de otras entidades del distrito como el Foro de Seguridad o la Asociación de Amigos del Distrito Belgrano.

Héctor Antinori, un referente social

El actual presidente de la unión vecinal es señalado por todos como el principal impulsor de los avances del barrio. Desde hace 32 años Antinori (73) vive en el Antártida Argentina.

Al momento de realizar esta crónica, Antinori se encontraba de viaje y sólo se pudo hablar con él unos minutos por teléfono. Sin embargo, hace dos años este matutino publicó una nota en la que se destacaba la tarea del vecinalista.

En aquella oportunidad manifestó, en relación a su labor en la unión vecinal, que “cuando la gente ve que hay honestidad, se compromete con trabajo y hasta con dinero”.

La crónica también relataba otros roles de Antinori, más allá de su labor vecinal: trabajó en la Comisión de Usuarios Consumidores, en la Cooperativa de Uniones Vecinales y es un reconocido defensor de los ferrocarriles.{/slide} Esta sección llega al último lunes de 2009 y despide el año con un barrio que contiene todos los condimentos que hacen grande a una barriada.

Se trata del Antártida Argentina, un conglomerado del distrito de Belgrano, de Guaymallén, que se inició en la década del ’70 y creció gracias al esfuerzo conjunto de vecinos y dirigentes.

Plaza, centro de salud, unión vecinal, una escuela técnica, y hasta un monumento dedicado a René Favaloro, son algunas de las postales del Antártida Argentina. Tal vez conocido por muchos como Minoto -dado que ese era el apellido de los dueños del loteo que le dio origen- no se formó por ningún tipo de cooperativa, sino que cada vecino construyó su casa en forma particular.

Según Rosa Collado (52), vecina y colaboradora de la unión vecinal, actualmente viven en el barrio unas 650 familias. “Hay gente de origen humilde, pero todas son personas trabajadoras a las que les ha costado mucho tener su casa”, comentó Hila Ríos (49), tesorera de la unión vecinal.

Logros vecinales

A pesar de que el barrio se formó de manera particular, la unión vecinal “La Amistad”, actualmente presidida por Héctor Antinori (ver aparte) y Osvaldo Ferrer (62), logró aglutinar a los vecinos y conseguir numerosos beneficios. “La llamamos así porque mediante la institución pretendíamos recalcar los valores y la importancia de la amistad”, explicó Ferrer.

En materia de servicios, según narró el vicepresidente de la unión vecinal, lo primero que se consiguió fue el agua potable. “Teníamos un tanque que alimentaba al barrio, pero luego nosotros mismos compramos los caños para el agua potable y nos conectamos a la red de Obras Sanitarias para obligarlos a que nos mandaran el agua y lo conseguimos”, confesóelvecinalista.

Para colocar el gas y la red de cloacas, los propios vecinos administraron la obra. De acuerdo a lo que explicó el vecinalista, se abrió una cuenta bancaria en la que cada vecino depositó en 12 cuotas el valor que le correspondía. Así, la unión vecinal logró realizar ambas obras por la mitad del valor de cualquier cotización privada e inclusive municipal.

“Entre las dos obras nos sobraron 40 mil dólares y con eso terminamos el centro de salud”, recordó Ferrer. La institución sanitaria fue bautizada como Josefina Elena Oros y se construyó sin ningún tipo de subsidio.

“La llamamos así en honor a una mujer albañil que trabajó en la construcción del centro de salud y que falleció a causa de cáncer de útero”, contó a Los Andes vía telefónica, Héctor Antinori, quien además agregó que una de las banderas del barrio es, desde ese entonces, el control anual ginecológico de todas las mujeres.

El centro de salud número 196 es todo un orgullo del barrio. “Lo levantaron entre sábados y domingos los mismos vecinos”, aseguró Hilda Ríos. Mientras que Rosa Collado contó que las mujeres del barrio se encargaron de coser las cortinas y los cubrecamillas. Hoy el centro sanitario cuenta con servicio de médico clínico, pediatra, ginecóloga y en la sede de la unión vecinal -cedida por la entidad al centro de salud- funcionará el servicio odontológico. Según Ferrer, se atienden unas tres mil personas por mes.

La plaza del barrio no está exenta del trabajo vecinal. “Se consiguió que la municipalidad donara el terreno que antes era ocupado como una canchita de fútbol. Los bancos para sentarse los hicimos nosotros con los moldes que nos prestó el municipio”, contó Collado. El espacio verde lleva por nombre Crucero General Belgrano en honor a los caídos en la guerra de las Islas Malvinas.

Otra de las instituciones presentes en el barrio es el centro de jubilados “Ríos de Agua Viva”, al frente de Felipe (84), que mantiene el mismo esquema de trabajo del conglomerado: “conseguimos todo a pulmón”, afirmó el presidente de la entidad, quien dijo que siempre busca precio para obtener más beneficios para sus pares. En el salón en el que descansaban pilas sillas de metal, “porque las de plástico -dijo Felipe- son peligrosas para nosotros”, los jubilados se encontraban -al momento de realizar esta crónica- armando 300 bolsones de mercadería navideña para los abuelos.

Participación, y ayuda mutua

Los vecinos del Antártida no sólo se unieron para obras materiales sino que también buscaron soluciones frente a los problemas económicos del país. Así fue como, cuando en la década del ’80 la hiperinflación azotó las economías hogareñas, la unión vecinal armó un “almacén solidario”.

“Llevábamos a la cárcel seis bolsas de harina y nos devolvían 300 kilos de pan, y lo vendíamos a mitad de precio. También traíamos leche y la comercializábamos en forma fraccionada”, explicó Ferrer. El vecino contó que con los pequeños extras que ganaron del almacén pusieron todas las aberturas del centro de salud.

“Había una casa en la que nos juntábamos todos los vecinos y nos hacíamos el pan, en la noche cada uno traía el pan caliente a su casa y el que no sabía, aprendía”, recordó sobre aquella época Rosa Collado. “Fue una etapa de penurias -agregó – pero linda porque se vio la colaboración de todos”.

Según los vecinos, la unión siempre ha existido entre ellos. “Siempre hubo una gran confianza entre todos porque las obras se hicieron en tiempo y forma”, afirmó Ferrer quien también expresó su deseo de que la participación se haga aún más fuerte y que haya vecinos todavía más enérgicos para que los reemplacen.

Fuente Los Andes

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