Barrio Sarmiento Oeste: una obra de Perón, junto a la estación y al club Argentino

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Es una de las 30 barriadas del distrito de Belgrano, en la zona norte del departamento. Son 400 casas y unos 1.400 habitantes.

Cultura y Espacios

Pese a la actividad del Poliguay, los dirigentes barriales sostienen que faltan espacios culturales y recreativos.

“Nosotros -acotó la dirigente Laura- advertimos que no hay suficientes lugares en varias cuadras a la redonda y eso conspira contra nuestro accionar”.

Afirmó que para la presentación del espectáculo teatral que están ensayando no se cuenta en principio con un local apropiado para dar la función y por eso tal vez se recurra a las instalaciones del Centro de Jubilados Flor de Guaymallén, una entidad amiga que se levanta en la esquina de Entre Ríos e Yrigoyen.

Otra mora que padecen es la carencia de una sede propia para reuniones y otros menesteres, y por eso deambulan por casas de vecinos o en algún ambiente prestado. En este sentido esperan ayuda municipal, que por ahora no llega.

El trío Laura, Berro y Mazas, cabeza visible de la entidad vecinal, aspira a que haya más participación de los vecinos, “porque siempre somos los mismos para mantener viva la agrupación, un problema que es común a otras instituciones”.

Historiando el Terruño

Con paciencia, pero con constancia, la unión vecinal está historiando el pasado de este rincón departamental y para eso se valen de los recuerdos de los mayores.

Por eso los vecinalistas abrevan en la memoria del ya mencionado Monzalvo, y también en Libero Linares (ferroviario), Domingo Laura, Jorge Ibarzábal (conocido como “el Gorrión) y de Juan Ángel López.

Julio Héctor Monzalvo aunque no es del lugar por nacimiento prácticamente se considera “socio fundador” del barrio. A sus lúcidos 82 años, recuerda que apareció por la zona cuando “era un purrete de 19”, y venía de su Córdoba natal. Empezaba entonces una vida de ferroviario, que lo llevó a conducir trenes durante 36 años, siempre para el mismo empleador: el Ferrocarril General Belgrano.

“Cuando llegué aquí, me instalé en la pensión Granadina (hace varios lustros desaparecida), y arranqué en el oficio. Mi primer destino fue de aspirante a maquinista, con el que inicié mi carrera, que terminó en 1982, en la categoría de conducción de trenes”. Recuerda que hizo el servicio militar en el antiguo Comando de la Agrupación Montaña Cuyo, en la columna motorizada.

Estando en el Ejército, le dieron la clase de foguista y luego pasó manejar convoyes de carga y de pasajeros. Primero hacía la travesía Mendoza- Pie de Palo (San Juan) y con el tiempo, le tocó conducir formaciones del Tren Trasandino, entre Polvaredas y Los Andes (Chile).

Su familia lo acompañó en sus varios destinos, menos al norte, porque Embarcación (Salta) quedaba muy lejos, pero sí a Polvaredas donde vivió con su esposa y los hijos chicos. En ese destino de montaña pasó 10 años. Es un símbolo, por su dedicación a los demás y su paso por la unión vecinal. También es apreciado en el gremio de La Fraternidad.

En la recorrida que semanalmente realiza esta sección por los barrios mendocinos, recalamos hoy en el Sarmiento Oeste, uno de los populares conglomerados del distrito General Belgrano, en el norte de Guaymallén.

Habitado por aproximadamente 1.400 personas, el sector acumula historias de gente nativa, otras pertenecientes a la colectividad boliviana y, en general, con un sello de rieles y pitazos, porque el lugar está al lado de la estación Mendoza del Ferrocarril Belgrano, y ha sido cuna y desarrollo de muchos empleados ferroviarios.

En ese origen, el barrio no está solo porque tiene historia común con algunos de los otros 30 barrios del distrito Belgrano, que habitan 58.000 almas

De la mano de la activa unión vecinal, que preside María Marta Laura (46, mendocina de padres del altiplano), y disponiendo de la memoria del ferroviario Julio Héctor Monzalvo y el militar retirado Omar Bravo (66), accedemos a los orígenes barriales.

Este hombre y el maquinista Monzalvo se acuerdan de los descampados, las viñas y la vida activa de la estación terminal del Belgrano, con múltiples servicios de pasajeros y de carga, que hacían del lugar una colmena bulliciosa de actividad y gente que iba y venía.

Curiosamente, dos símbolos del trabajo del distrito, como la mencionada estación ferroviaria y los talleres de la cooperativa TAC, ahora causan desasosiego, porque la base de la empresa de transportes permanece cerrada, tal vez para siempre, y el febril movimiento de la estación, es apenas un retazo de lo que fue, con el esporádico ingreso de una formación de carga procedente del Norte con azúcar. Suerte, que no muy lejos, sobre la calle Colón se mantiene el emporio laborioso que es la Feria de Guaymallén o Mercado Cooperativo de Guaymallén.

Pese a todo, se advierte entre los moradores un compromiso con el lugar y así lo expresan el joven abogado Nicolás Berro (27) y la escenógrafa y profesora Graciela Mazas (50), militantes también de la vecinal. Quieren propiciar un mayor compromiso de la gente y para intentarlo han formado un grupo de teatro barrial, con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Provincia, y la conducción del profesor Manuel Prado. Pronto la vecindad podrá asistir a la presentación de la obra que preparan y que tendrá por actores a habitantes del Sarmiento.

Siguiendo la recorrida, en la calle Gomensoro, tal vez la principal del área, se levanta el Polideportivo de Guaymallén, que responde al nombre de Poliguay. Contiene a 500 personas de distintas edades. Allí hay escuelas de verano y natación para adultos en verano; gimnasia femenina; balonmano, hockey sobre césped, karate, fútbol infantil, basquetbol, voleibol y patinaje artísticos. Además es sede de los torneos de federación de escuelas de fútbol y de la liga municipal.

En tiempos pretéritos el complejo deportivo municipal era un gran vivero.

A metros se levanta un gran pilar del lugar, el colegio confesional Nuestra Señora de la Consolata, donde estudian 1.200 alumnos, que cursan desde sala de 4 años hasta el polimodal. Pertenece al Instituto Misiones Consolata (IMC), que a su vez pertenece a la Congregación de los Misiones de la Consolata, cuya sede principal está en Italia.

Como se ha señalado, desde la década del ’60 y de antes, también toda la jurisdicción cobijó a muchos inmigrantes bolivianos, y ahora sus descendientes, son representados por instituciones de arraigo, como el Centro de la Colectividad Boliviana y la Confraternidad Boliviana.

También se afincaron muchos chilenos. En la parte antigua de la barriada, de Gomensoro al norte, hubo, y en menor medida hay, muchas casas de inquilinato, el primer hogar de los que llegaban a la provincia en busca de un futuro.

En materia deportiva, la entidad que más empuja por esos pagos es el Atlético Club Argentino, pintoresca institución que tiene una hinchada aguerrida y seguidora. Asimismo, el barrio alberga a la Unidad de Gestión Municipal, con Mario Puebla al frente. “La pretensión -afirma el funcionario- es llevar el municipio más cerca del vecino”.

La delegación está inmersa en dos programas de contención y promoción, llamados “Recuperando las plazas con alegría” y uno más que pretende dar realce a las fechas patrias, como el Día de la Bandera, ya celebrada, y otras que vendrán.

En resumidas cuentas, una barriada que procura vivir con tranquilidad en medio de los tiempos febriles que corren, con la presencia inevitable de la inseguridad, afín al Gran Mendoza. Pero, el sector puede mejorar, especialmente si los jóvenes comprometen su participación y entregan su energía positiva al bien común.

Fuente Los Anddes

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