El Arco, monumento símbolo de Rodeo de la Cruz

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La tradicional construcción data de 1946/47. En el centenario del pueblo, será mejorado.

Es un hito, una referencia insustituible, una marca en el orillo de un pueblo y un lugar querido por los habitantes de Rodeo de la Cruz, inclusive para quienes lo ven como una construcción más del lugar.

Estamos hablando del “Arco”, ése que se parece al portal de ingreso a la provincia en Desaguadero, pero que está orientado en el eje este-oeste, en paralelo a las calles de la zona.

Para el historiador e investigador Daniel Grilli, ese conjunto arquitectónico “es un hito en el tiempo”; para la vecina Estela Valeri (56), que atiende una verdulería frente a la construcción, es “el símbolo que nos define”.

La historia del Arco fue contada por uno de los habitantes más antiguos de la zona, un pionero regional, Mario Iannelli Carosella, andariego y locuaz a sus 90 años ya cumplidos que, en su vida laboral, se dedicaba al “corretaje” de uvas, vino y aceituna.

La construcción, revestida de piedra trabajada, está enclavada en el centro del conurbano rodeano y separa en forma paralela al carril Bandera de los Andes (alguna vez carril Nacional) y la calle Agustín Álvarez. Es “cruzado” por las calles Defensa, del barrio Marini; a pocos metros, por la Olazábal, del barrio La Integración. Precisamente, el frente del monumento da a esta última barriada.

De la época de Picallo

La memoria de Iannelli nos retrotrae a los años 1946/47. De ese entonces es la construcción de esta arcada de regular tamaño, pero de suficiente envergadura para que su proyectista resolviera ponerlo en paralelo a la ruta.

Ejercía entonces la gobernación Faustino Picallo y el intendente municipal era Jaime Obredor. La obra fue dirigida por el titular de Obras Públicas municipal, ingeniero Rolando Digregorio, perteneciente a una caracterizada familia, radicada con una pequeña bodega en el carril Passera (hoy carril Ponce).

Explicamos ya que este monumento se emplazó de oeste a este. Señala Iannelli, que por entonces tenía 24 años, que antiguos residentes se enojaron con la ubicación de la obra, sosteniendo que debía haberse levantado en forma transversal, abarcando las dos arterias. “Profesionales de ese momento -aclaró nuestro interlocutor- explicaban que como la construcción era muy ancha, formaría una pronunciada curva y que por esa razón la estructura no iba a soportar el peso”. Pero el tiempo pasó y el Arco fue admitido como está.

Los latrocinios que soportan las obras públicas y monumentos también alcanzaron a esta obra arquitectónica. Desaparecieron placas pero, por suerte, se conserva la que nombra a todo el lugar como plazoleta Leandro N. Alem, ya que la calle Agustín Álvarez tuvo anteriormente ese nombre y, mucho antes, el de Pérdida. Sobre el costado sur, se observa la pequeña grutita de la Virgen del Carmen.

A principios de los ?90, el Arco era un definido hito zonal, que se vigorizó más cuando en 1991 Rodeo de la Cruz fue declarada ciudad por ley, instancia que se tradujo en la creación de la delegación municipal Zona Este, cuyo primer titular fue el médico Matías Torrontegui.

En 1992, el Arco y sus espacios verdes fueron remodelados y embellecidos por personal municipal, pasando a denominarse “Paseo del Arco”. Actualmente se han introducido nuevas mejoras a todo el espacio verde, que sigue siendo todavía muy utilizado por parejas de novios para sacarse la tradicional foto de recién casados; lo mismo ocurre con las chicas que llegan a los 15 abriles.

Susana Munuera (55) tiene gran predilección por este espacio y lo mismo ocurre con Juan Juárez (57), el orgulloso presidente de la comisión de festejos por el centenario de Rodeo de la Cruz. “Imagínese cómo queremos al Arco que es el logo de la institución y está en el membrete de los papeles que se imprimen localmente”, aseguró.

Carta de presentación

Una foto del Arco, de unas cuatro décadas de antigüedad, está impresa en afiches que difunden el centenario del pueblo, que se celebrará desde el 27 al 30 de setiembre próximos. Se los puede apreciar en las vidrieras de negocios, en edificios públicos y privados, y en escuelas. El símbolo -logo también de la tradicional Asociación Rodeo de la Cruz Amigos para el Bien Común (Arcabip)- está convocando al gran festejo de la primavera y el siglo de un asentamiento poblacional clave en la provincia.

Fuente Los Andes

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