El barrio al que le cantó Hilario Cuadros

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Es uno de los más antiguos del departamento. Como no existían operatorias de viviendas se armó con el esfuerzo de los propietarios.

El hombre de Ford que se hizo Vecinalista

El presidente de la unión vecinal es Joaquín Lamagrande (80), uno de los “próceres” del barrio, aunque él prefiere reservar ese cumplido a don Américo Marzola, de 95 años.

Fue uno de los mecánicos de la concesionaria Ford, en pleno centro mendocino, encargado de la sección Afinamiento de la firma, en los tiempos del mítico John A. Walker. Allí trabajó 33 años y después se jubiló, instalándose con taller propio en la calle Juan Gualberto Godoy.

Cuando Joaquín dejó de trabajar en la ya desaparecida tradicional empresa automotriz, empezó a militar como dirigente de la vecinal de Cañadita, que ahora preside desde hace 12 años. “Nos encargábamos de dar, en tiempos de Menem, la caja de mercadería, los tickets Vale Más y otras ayudas sociales a los beneficiarios”, cuenta en su casa.

Por su edad, quiere retirarse de la conducción de la entidad, pero no para bajar los brazos sino con la intención de lograr apoyo en la gestación de espacios para contener a los más chicos de la zona. “Hay que protegerlos y sacarlos de las malas influencias”, razona.

Sucedió en la conducción de la entidad a Armando Mura, y como no es egoísta cita a otros hacedores del progreso lugareño: Juan Módica, Antonio Allia (un militar que proyectó la apertura de Adolfo Calle), Hugo Santoni, Jorge Tami, Gloria Tornetto y el ya nombrado Mura.{/slide}

¿Es lo más importante de este punto de Guaymallén la Universidad Juan A. Maza?

Indudablemente que sí y no lo niega ni el habitante más humilde de la barriada. La Maza está en pleno funcionamiento en el barrio a partir de 1984. La familia Castilla vendió los terrenos para que se instalara. Los alumnos que asisten a la institución superan los 4.000 y la extensión de todo el complejo es de ¾ partes de una manzana.

El rector, doctor Daniel Miranda, da su punto de vista sobre la relación con el entorno. “Es muy buena, se ha tratado de evitar que el movimiento que genera nuestra casa impacte negativamente sobre nuestros vecinos, y por eso hemos mejorado toda la infraestructura, la iluminación, la seguridad y mayor frecuencia de transporte público”.

En sus dependencias se pueden estudiar 16 carreras distintas, desde Enología hasta Dirección de Empresas, pasando por un abanico muy grande de opciones.

“A ti Cañadita Alegre/que renovándote vas,/con esa avenida anchota junto al carril Nacional/pasarás a ser recuerdo/un recuerdo nada más./Te adornaron los geranios/de los Sosa, Aldao y Stay,/te cantaron las Romero/tonaditas qué caray/que todavía se escuchan/cerca al carril Nacional”.
Ovejero: del potrero al futbol del primer mundo

“Nací en Las Catitas (Santa Rosa). Luego, con toda mi gente nos vinimos para la ciudad y pasé mi infancia jugando a la pelota en un barrio de Guaymallén, ahí en la calle Cañadita Alegre”.

Así contó Iselín Santos Ovejero su pertenencia al lugar, en una entrevista concedida al periodista Gustavo Villarroel, de Más Deportes. Tiene hoy 64 años y luego de brillar en el equipo velezano fue transferido a España, al Atlético de Madrid, donde se desempeñó como jugador, director técnico y manager.

Daniel Castilla nos refirió que hubo otros deportistas que pasaron por las calles y potreros del distrito, pero que ninguno alcanzó la fama del defensor, quien en el fútbol local militó en Leonardo Murialdo.

En 1966, una lesión en una de sus rodillas le impidió llegar a la Selección Nacional, pero el tiempo le dio revancha, haciendo una gran carrera en el cuadro colchonero, de la capital española.

Los versos corresponden al poeta y trovador Hilario Cuadros y nos permiten introducirnos en el barrio elegido en esta oportunidad, Cañadita Alegre, uno de los más antiguos del departamento de Guaymallén, situado en el distrito Las Cañas.

La barriada tiene ese nombre y la zona también. Si alguien dice que es de la Cañadita Alegre, se está refiriendo a que su existencia tuvo que ver con las aproximadamente 20 manzanas de su jurisdicción, ahora quedan bordeadas por los accesos Sur y Este, y que están llenas de historia, vida transcurrida y episodios que no quieren ser olvidados.

La casona del autor de la famosa cueca “Cochero e-plaza” ya no existe más y en su lugar, a metros de Bandera de los Andes y la lateral norte del Acceso Este, se levanta una estación de servicios. Pero el duende del trovador sigue de serenata para muchos lugareños.

Antes todo era la Cañadita, pero ahora el barrio llega hasta el Acceso Este.

Parece que el nombre proviene de una muy antigua cañada por la cual solía bajar el agua de las lluvias. ¿Cuándo? Noventa o 100 años atrás. El escritor maipucino Juan Isidro Maza la calificó de “alegre” al hacer referencia a las reuniones familiares y de amigos, amenizadas con música, canto y baile, siempre enmarcadas por el brindis con vino patero o semillón.

Podríamos haber entrado solos a la jurisdicción del barrio, pero preferimos la asistencia del presidente de la unión vecinal, Joaquín Lamagrande (80) y José “Pepe” Rondón (72), buenos conversadores, que atesoran recuerdos de tiempos pretéritos.

La Cañadita no es un conglomerado que se levantó como cientos de barrios provinciales por operatorias del Instituto de la Vivienda o del Banco Hipotecario. Sus comienzos datan de cuando esas posibilidades no estaban en la imaginación de antiguos pobladores, en medio de fincas, chacras y descampados. Los humildes ranchitos se hicieron en forma individual por el jefe de hogar y otros componentes de la familia. No había, por supuesto, casi ningún servicio público, y el agua se obtenía en las canillas comunitarias.

Los muchachos de antes, como nuestros guías, y otros un poco más jóvenes, como los hermanos Luis Alberto (47) y Domingo “Choli” Santucci (54) se aferran al concepto de que lo mejor de estos pagos “son los vecinos”. El padre de ambos, Luis Antonio Santucci, ya fallecido, fue el fundador de una de las primeras carroceras de Mendoza, que ahora sobrevive con las dificultades propias de la época.

Residen sobre 25 de Mayo, donde se advierte la combinación de sector residencial en armonía con empresas de todo tipo, en el estilo de talleres mecánicos y comercios minoristas. La conexión con el centro es muy rápida por el paso de varias líneas de colectivos.

Hacia el oeste había hace varios años un establecimiento industrial que tomaba muchos operarios y generaba trabajo, el del italiano Arquímedes Rossi. Si alguien, parado frente a las derruidas instalaciones, cierra los ojos, puede imaginar el trajín diario de otras épocas, cuando máquinas y hombres estaban en plena producción, y más si Pepe Rundo aporta algún relato. Él trabajó allí entre los 12 y 18 años.

No todo es del pasado por la Cañadita: hay instalaciones modernas: el hotel Inti, talleres, lavaderos, la bodega Menogozzi y sobre todo La Camionera Mendocina, la firma de los Rossell, que se instaló por allí en 1978, con una planta de personal de 370 empleados. También se destacan complejos habitacionales de agradable arquitectura, que hacen decir al agente inmobiliario Ignacio Molina que “hay un cambio de perfil positivo en toda esta superficie del departamento”.

Sin embargo, hay restos del pasado que atesoran su longevidad, y un ejemplo es el desaparecido almacén de Elías Morani, el del fiado en tiempos de confianza mutua. La fábrica de block de cemento Mosablock, es otro eslabón en la geografía lugareña, al igual que el vivero Leanza.

Y Cañadita es de los pocos barrios que pueden decir que tienen una Universidad en su perímetro, en este caso, la Juan Agustín Maza, emplazamiento de notable influencia zonal.

No debe haber persona que no se sienta convocado por el terruño. Daniel Castilla, gerente de la bodega Toso, tiene agenda apretada en estos días de preelaboración, pero enterado de que la consulta periodística es sobre el sitio donde nació y donde aún vive su madre, concede valiosos minutos al cronista.

Futbolero de ley, introduce el recuerdo de clubes que hicieron época por la zona, como Platense (que militó en la Liga Mendocina de Fútbol) y Cañadita Alegre. Ya no están, pero cuántas nostalgias rememoran. El hombre de empresa también rescata a un deportista ilustre que tuvo este rincón de Guaymallén: Iselin Santos Ovejero.

El conglomerado elegido en esta oportunidad pertenece al distrito Las Cañas, cuya creación data de 1985. Su delegado, también hombre del barrio, Daniel Yáñez, afirma que el municipio está comprometido en el adecuado control de los servicios y el mejoramiento zonal. Si progresa el departamento, Cañadita Alegre lo hará también. Es un punto con historia y vigor que mirar al porvenir con esperanza.

Fuente Los Andes

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