El Boxeo como oportunidad

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Desde hace 20 años, el gimnasio de calle Lavalle contiene a jóvenes y chicos de Pedro Molina. Allí practican el deporte de los golpes, lejos de las malas compañías. La idea fue del profesor y vecino Santos García. El anhelo de ampliar las instalaciones.

“Estaba en la pesada, era muy pandillero. A los 18 años, el deporte me salvó. Muchos de mis compañeros no la contaron”.

Unas pocas frases le sirven a Santos García para demostrar cómo el ejercicio físico funcionó como salvavidas en su historia personal. Con esta información es más fácil comprender por qué el hombre se desvive por mantener en pie su gimnasio, con el que busca sacar de la calle a muchos chicos del barrio Pedro Molina y zonas aledañas.

Es un humilde salón en la calle Lavalle de Guaymallén, pero está muy bien equipado. Chicos y chicas de distintas edades pasan por allí a cualquier hora del día para practicar, sobre todo, boxeo. Incluso van jóvenes mamás con sus pequeños. Dos profesores -Rafael Gorosito y Claudio Tarateta- les marcan las rutinas y técnicas sobre el ring. Ambos trabajan ad honorem, “por el placer de entrenar y ver los logros en los muchachos”.

Con la intención de darle un perfil social, Santos arrancó con el gimnasio hace 20 años. Sin embargo, su tarea recién ha sido reconocida en el último tiempo. La comuna de Guaymallén declaró al local de interés departamental en el 2003, “por su labor comunitaria en la contención social de los chicos de la calle y madres solteras”. Y el año pasado, fue el Ministerio de la Nación quien hizo lo mismo por considerarlo uno de los pocos gimnasios que cumplen una función social.

“Hay muchos chicos que delinquen, porque nadie les dio otra oportunidad. Yo quiero cortar ese circuito: porque de la calle pasan al delito y de allí a la cárcel. Algunos llegan a ser buenos boxeadores, pero yo siempre les digo que lo importante es que sean campeones de la vida”, dice Santos. El ‘profe’ siempre saca a relucir el logro de uno de sus alumnos, Jonathan Barros, que hoy está quinto en la categoría pluma del ranking mundial.

“Ese pibe es del Lihué y supo salir de las malas juntas. Hoy es campeón argentino y latinoamericano”, comenta orgulloso.

Entre los aparatos, Brian, un bebé de 5 meses, descansa en su cochecito y observa alegre a su mamá Cynthia Morales, que ya se calzó los guantes para iniciar la rutina. “No vengo sólo por la gimnasia, aquí encuentro contención, es como una familia. A la hora de la merienda, nos juntamos y hablamos de nuestros problemas para ver cómo nos podemos ayudar. Muchas veces me han conseguido leche para el bebé”, sostiene la joven.

Hace dos años que Cynthia practica boxeo, “no para pelear, sino porque es un buen ejercicio”, aclara. Ya convenció a muchas de sus compañeras del colegio Padre Jorge Contreras, quienes asisten ‘a lo de Santos’ todos los días. “Acá nos insisten en no dejar el estudio. Yo quiero terminar el secundario y seguir la carrera de Abogacía”, contó.

Romina Trabalón (22) empezó a boxear a los 16 años, pero lo hace por pura vocación y con un espíritu más competitivo; incluso ya ha participado de algunas luchas pagas. Abandonó cuando nacieron sus tres hijos, pero pudo más la pasión y ahora está retomando las prácticas, mientras que su mamá cuida de los niños.

“¿Por qué boxeo?”, repregunta Santos. “Mi vieja me decía que eligiera algo menos violento, pero es un deporte completo y es de barrio, cercano a los sectores más populares”, señala el hombre. Su veta social no sólo se canaliza a través del gimnasio.

Años atrás, Santos encaró un programa para incentivar el ejercicio físico en los adolescentes internados en el sistema penal juvenil de la entonces Dinaadyf, que se llamó “Boxeo por la vida”.

Además, actualmente oficia como mediador de la Doapc (Dirección de Orientación y Apoyo psicopedagógico comunitario) de la Dirección General de Escuelas, interviniendo como contacto entre las escuelas y las familias con chicos que presentan problemas de conducta. “Es muy voluntarioso y conoce bien el terreno. Cuando lo llamamos ante algún problema, él sabe donde encontrar los chicos y cómo hacerlos recapacitar”, comentaron las autoridades de la Doapc.

Aunque está orgulloso de que su labor sea reconocida, Santos señala que necesita “más ayuda monetaria que distinciones”.

Sucede que, según consignó, sólo algunos alumnos que pertenecen a un club abonan una cuota de 15 pesos. Ahora, la Municipalidad de Guaymallén se ha comprometido a refaccionar el lugar y eso contagia de entusiasmo a todo el grupo, pues podrán trabajar mucho más cómodos.

Por Gisela Manon

Fuente Los Andes

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