Escribieron un libro para contar la historia de Colonia Molina

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Es un paraje de Colonia Segovia, ubicado en el cinturón verde del departamento, a 25 km de la Capital. 

Colonia Molina es una pequeña localidad del distrito de Colonia Segovia, en el Noreste de Guaymallén, distante a unos 15 kilómetros del centro cívico del departamento, en Villa Nueva, y a 25 km de la Capital.

No es muy conocida para la mayoría de los mendocinos, pese a que su suelo provee el mejor camote o batata de la provincia, y por esa producción tiene asignada un festejo en el calendario de fiestas regionales, en el mes de febrero.

El festejo sólo se realizó en el lugar en 2005, mientras que en 2007, 2008 y en la edición 2010 tuvo por escenario la rotonda de Salcedo, en Los Corralitos. El año pasado se experimentó haciéndola en la playa de un hipermercado, en Villa Nueva Sur.

Vecinos y profesionales que trabajan en el lugar escribieron un libro, que será presentado mañana, a las 11, en Tabanera 8621.

Pese a ser una comunidad apartada, con algunas dificultades de suelo y carencia de servicios, en ese rincón mendocino se dieron diversos factores que llevaron a la radicación de una población de unas 220 familias y más de 1.800 personas, que construyeron “un verdadero oasis en medio del inhóspito desierto mendocino”.

Muchos de los que viven allí están emparentados, se conocen desde siempre. La radicación de personas en el lugar se remonta a los inicios del siglo pasado, con inmigrantes italianos y españoles, pero el mayor poblamiento se gesta a partir de la década del ’40.

La zona pertenece al distrito Colonia Segovia y limita con Puente de Hierro y Los Corralitos, y no está muy lejos del límite con Lavalle.

La idea de hacer una recopilación de sucesos que conforman la historia de este pueblo agrícola, surgió de Jorge Vallone, agricultor de 50 años, presidente de la Asociación Grupo Comunitario San Cayetano.

Vallone, hombre de manos curtidas por el laboreo de la tierra, pero de corazón sensible, supo de antemano que los pobladores no iban a poder plasmar solos la identidad del lugar. Fue así que encontró ayuda en alumnos y en la vicedecana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, la socióloga Graciela Cousinet, y también en el INTA, a través de la ingeniera agrónoma Clara Contardi, jefa de la Agencia de Extensión Rural del organismo nacional.

El aporte del licenciado Humberto López permitió conformar una mesa de gestión asociada, que fue resolviendo problemas puntuales, como por ejemplo hacer el cierre perimetral del establecimiento educativo, algo que se pidió durante una década.

Puestos de acuerdo a rastrear el pasado y describir el presente, los lugareños reunieron los testimonios y comenzó a plasmarse el texto que se conocerá mañana,  con el título de  “Colonia Molina, un lugar con identidad”. También se plegó al cometido la psicóloga Diana Palma, perteneciente al equipo de Salud Mental del Gobierno de Mendoza, que llegó a la zona de la mano de Contardi. Al principio su presencia despertó un poco de recelo, ya que algunos residentes, pensaban “vienen a ver si estamos locos”.

En el trabajo no se eluden las dificultades que presenta el sector, que van desde la existencia de suelos degradados y difíciles para la agricultura hasta la relación, no siempre armónica, con los nuevos habitantes, provenientes de la erradicación de villas inestables de otras partes del Gran Mendoza, gestada especialmente a partir de 2000. La inseguridad y la existencia de un basural, son otros ingredientes que agitaron cambios cualitativos en la forma de vivir del paraje, que otrora era definido “de familiaridad vecinal y de trabajo agrícola”.

El libro reconoce el servicio pastoral y social que cumplen en la zona los hermanos josefinos de Leonardo Murialdo, quienes dan de comer a 130 chicos y les brindan apoyo escolar. Hay referencias también al centro de salud 219,  a los valores que inculca la escuela Nº 1-413 Juan Enrique Pestalozzi, creada en 1944, y a la misión de la capilla Nuestra Señora de las Lágrimas, verdadera reliquia arquitectónica, que depende de la parroquia María Auxiliadora de Los Corralitos.

Asimismo, están planteados los  complicados temas de seguridad que tuvo la zona y que todavía no abandona, ni tampoco los mejores momentos, tales como la obtención por parte de los productores  de premios a nivel agropecuario (uno de ellos a la calidad agroalimentaria otorgado por la fundación ArgenInta).

La necesidad de encontrar el equilibrio frente a los nuevos pobladores, por la construcción de barrios, es otro de los puntos abordados por este eficaz intento de historiar la existencia de un pueblo. Las palabras finales del luchador de esta cruzada, Jorge Vallone, aportan la intención del cometido realizado: “Doy gracias a Dios por ser parte de Colonia Molina. Espero que todo aquel que lea este libro encuentre en él las vivencias de un pueblo vivo, luchador y lleno de esperanzas”.

{slide=Productores de Camote}La Asociación Grupo Comunitario San Cayetano, hacedora del libro, está integrada por 40 productores agrícolas y se conformó hace 10 diez años, con el apoyo de los padres josefinos. Las propiedades suman 450 hectáreas, 180 de las cuales están cultivadas. De ellas, 120 hectáreas están destinadas al camote o batata, la planta que han priorizado para producir.

Sobre este tubérculo, el presidente del grupo, Jorge Vallone, explica que todo lo que se produce en la provincia se vende al mercado interno, pero esa oferta no alcanza y sólo cubre 30%, por lo que el resto de la demanda se satisface desde Córdoba.

Vallone argumenta que “el mendocino, en general, todavía no conoce las características del camote local, que es de una calidad difícil de igualar en el país. Tenemos que lograr que esto se conozca, porque así también más productores se van a interesar en cultivarlo. Sería beneficioso además para que esta zona siga creciendo desde{/slide}

Fuente Los Andes

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