La Media Luna, el barrio de Armando Tejada Gómez

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El barrio ubicado en las cercanías del Área Fundacional cuenta con un rico pasado histórico. Por sus calles transitaron tanto los pueblos originarios de Mendoza como los primeros colonizadores.

Literatura, arte, política y mucho más se conjugan en la rica historia de la Media Luna. En el distrito de Pedro Molina, la zona se identifica justamente por adoptar aquella forma en su geografía dada la curva que adopta el canal Zanjón o canal Cacique Guaymallén.

De raigambre humilde, la mayoría de sus pobladores siempre supieron apreciar las polvorientas calles de tierra en las cuales se despertaba en los jóvenes, mientras jugaban al fútbol con pelotas de trapo, sus ansias de conocimiento.

La zona ubicada en las inmediaciones del Área Fundacional, vio nacer y crecer a grandes hacedores de la cultura local como Armando Tejada Gómez, Oscar Mathus, Vicente Mirón e Hilario Cuadros, entre otros. Además, sirvió de refugio para los primeros colonizadores y allí habitó también parte del pueblo Huarpe.

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A propósito, de acuerdo a lo que señala  el jefe de la unidad “Ciudad y Territorio” del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) dependiente del Conicet, en la etapa prehispánica conocida como “Tierras de Tantayquen” se asentaron en la zona del distrito de Pedro Molina, por un lado, las familias huarpes descendientes del cacique Felipe Esteme y, por otro, la familia del cacique Ycano que habitó la hoy Media Luna.

Ponte relata que la actual calle Pedro Molina, arteria principal del barrio, ya aparecía señalada hacia 1766 en planos históricos del Archivo Nacional de Chile como “Calle Larga” de Guaymallén.

“Por medio de aquella vía se ingresaba a la Ciudad de Mendoza desde el Litoral y Buenos Aires por el camino de las carretas. Esta era, en efecto, la más importante conexión de la provincia con ambas regiones en la primera etapa de la colonia desde 1561 hasta 1758”, escribe el especialista.

Los hijos pródigos

La Media Luna también fue un lugar de conventillos, bares y prostíbulos. “Entre 1900 y 1930 las márgenes del canal zanjón eran cañaverales y a su alrededor se ubicaban los arrabales y los famosos conventillos como el de ‘la Luz Roja’ y el de ‘la Luz Verde’. Célebres malevos como ‘los Valdez’ y ‘el pibe’ vivían en los conventillos de Pedro Molina y la Media Luna”, rescata el arquitecto Jorge Ponte.

El investigador, en su libro “Mendoza, aquella ciudad de Barro”, señala que si bien Pedro del Castillo funda la ciudad de Mendoza en 1561, que no se materializa inmediatamente en el terreno.

“Mientras tanto, los colonizadores se habían guarecido en el ‘pucará’ -construcción de adobones que había realizado el imperio incaico en su estancia en el valle de Huentota- preexistente y que habría estado en la actual zona de la Media Luna y del cual las actas fundacionales no hicieron reconocimiento explícito”, escribe Ponte en su obra. El barrio albergó, entonces, a Pedro del Castillo y a los primeros colonizadores.

“Tejada Gómez era como un hermano para mí. Él hablaba en poema, le fluía la poesía, era una cosa de locos. Recuerdo que lo habían apodado ‘sobaco ilustrado’ porque siempre andaba con un libro abajo del brazo. Era una persona excepcional, de una cultura y una cosmovisión inconmensurables”, comenta emocionado Armando Talquenca, músico, compositor y amigo personal del escritor.

El gran poeta mendocino es uno de los personajes que enaltecen a la Media Luna. El autor de “Canción con todos” y partícipe del movimiento musical del Nuevo Cancionero caminó calles de tierra del barrio y llegó a la ciudad sólo con el ánimo de dar a conocer su obra, de encontrarse con otras personas a quienes mostrarles sus escritos.

“Hicimos una bohemia muy larga. La mayoría de los jóvenes éramos militantes políticos, gente de la cultura ¡y también tomábamos vino! Éramos la muchachada del barrio”, recuerda Ramón Ábalo, periodista, amigo cercano de Tejada Gómez y vecino durante muchos años de la Media Luna. Las noches en las pulperías eran características del grupo de amigos, allí se reunían y discutían todo tipo de temas.

“Cuando de la calle Mitre hacia abajo todavía habían viñas, nos íbamos a la siesta para aprender a fumar y discutíamos de política, filosofía y literatura”, continúa Ábalo, en cuyo relato aparece la tendencia de militancia y compromiso político que el grupo de amigos practicó, y que se manifestaría luego en la asunción como diputado provincial de Tejada Gómez (UCRI).

Ábalo recuerda que un día, en 1947 o ’48, llegó uno de los muchachos al café en el que se encontraban todos y les comentó que don Vicente (Mirón) quería que se juntaran en la noche en el club porque iba a llegar un gran artista. “Fuimos al club a la noche, pasó la presentación y el brindis pero hasta ese momento no sabíamos quién era la persona que venía. Don Vicente nos dijo: ‘les voy a presentar a un gran poeta, un gran guitarrista, un gran cantor, Héctor Roberto Chavero’ ¡Y nadie lo conocía!”

Previamente -cuenta Ábalo- Armando, en la mesa del café, dijo que iba a llevar sus cuadernos de poesías porque si era un gran artista el que venía quería mostrárselos y pedirle su opinión. “Don Vicente nos dijo: ‘ahora les voy a decir realmente cómo lo conocen ustedes, con qué nombre lo conocen: Atahualpa Yupanqui’.

Estuvimos, tomando, cantando y guitarreando toda la noche”, recuerda entre risas y emoción este protagonista de la historia.

Don Vicente, como lo conocían los jóvenes del barrio, fue otro de los hijos pródigos de la Media Luna. Escultor, poeta, ebanista, Vicente Mirón supo ser una guía para los incipientes artistas de la zona.

“Él siempre decía que era Doctor Honoris Causa de la Universidad de la Media Luna, por las vivencias que había tenido en el barrio”, comenta Armando Talquenca, quién recuerda además una tallado de Mirón, en el cual había realizado los perfiles de Juan Domingo Perón y de Carlos Gardel. “La analogía que había entre las dos cosas era impresionante”, resalta Talquenca con admiración.

En 1963 se produce la presentación en sociedad del Nuevo Cancionero. Tejada Gómez fue parte fundamental del movimiento musical ya que fueron sus letras las que llenaron de contenido a la corriente estética. La Media Luna fue el espacio físico que la vio nacer.

“Un día Tejada Gómez decidió realizar un viaje al norte porque consideraba que la música de otras regiones nos había invadido e invitó a Oscar Mathus a acompañarlo. Estuvieron viajando alrededor de un año y, cuando volvieron, el negro Mathus ya venía casado”, cuenta Ramón.

La esposa era Mercedes Sosa. El movimiento fue de enorme importancia. El cambio en lo musical, en las armonías y en el ritmo, y la renovación poética hicieron de esta corriente una verdadera revolución que, como todo lo novedoso, fue muy combatido. Además de Tejada Gómez y Mathus, también participaron de la fundación del Nuevo Cancionero Tito Francia, Juan Carlos Sendero, Horacio Tusoli, Víctor Nieto y Mercedes Sosa.

El cine Recreo

Según la investigación de Ponte, a partir de la década de 1940 la aparición del cine teatro Recreo (ex cine Belgrano, de 1923) se constituye en el hito articular de la cultura popular de la zona.

Las matinés y veladas en el cine, luego con su sede anexa al aire libre para las cálidas noches del verano mendocino por un lado, y las actividades deportivas en el club Pedro Molina por el otro, otorgaron al barrio una gran actividad social y cultural con rasgos de autonomía y claros elementos de identificación cultural.

Bares como Don Ramis y Bar Florencia en Pedro Molina y Alberdi eran los más famosos. “Este ambiente marginal y de bohemia fue prolífico para que poetas como Armando Tejada Gómez produjera sus mejores páginas en la zona”, cuenta el investigador.

Ponte agrega que la Feria Municipal que estaba en la otra banda de la Costanera, en lo que actualmente es el Área Fundacional de Mendoza, explica económicamente la vitalidad de la zona de Pedro Molina. “Se dice, inclusive, que dicha Feria de Verduras y Frutas aunque ubicada en territorio capitalino, estaba administrada por la Municipalidad de Guaymallén, lo que la hubiera connotado como territorio propio”, afirma.

Ponte señala que el levantamiento de la Feria Municipal frente a la Plaza Mayor, actual Pedro del Castillo, en la década de los ’60 es la causa, según los vecinos, de la caída del soporte productivo y del comienzo de la decadencia y éxodo de habitantes del barrio.

En 1994 el municipio de Guaymallén adquirió el cine Recreo y lo remodeló. Mirta Carrizo explicó que el lugar funciona como espacio de ensayo del ballet municipal y se presentan obras de teatro, aunque suelen proyectarse algunos cortos cinematográficos.

En la actualidad, los vecinos señalan que la zona ha sufrido algunos problemas de inseguridad pero desde que repararon las luminarias la situación mejoró. “Hace 5 meses cambiaron todo el alumbrado público, antes no se veía desde nuestra casa a la calle”, cometa Susana Rivas (50) que vive en el barrio desde hace más de tres décadas y hace un año abrió su peluquería sobre calle Pedro Molina.

Desde el municipio informaron que son 500 lámparas las que se han reconvertido y que se realizará un desrame para lograr mayor luminosidad aún. Además, se proyecta recuperar y rehacer la plaza Media Luna y otros espacios verdes con el fin de darle al distrito un carácter residencial y cultural con un alto perfil turístico.

En este sentido, Ponte concluye que una zona tan rica en memoria y acontecimientos históricos y sociales debe ser concebida como un “área de resguardo” de la Ciudad de Mendoza en su conjunto.

“No sólo se debiera consolidar las características urbanas y arquitectónicas de la zona sino, trabajar en lo referente a la memoria de la comunidad para que estos singulares hechos de su historia no se pierdan y puedan reflejarse en una memoria viva y activa de la sociedad de Pedro Molina”.

{slide=Lugar de Origen} (…) Si, como tantas veces,

despejo la humareda de estos asuntos míos y salgo indemne

y puedo volver a los caminos,

subiré hasta los climas de los cielos inmóviles

donde América existe con nombre y apellido

para llegar a tiempo y mejor que invitado

al guaschalocro rubio, al toro, contenido

en las crepitaciones moradas de las vides

donde impera el crepúsculo palpitante del vino

y estará Ramón Ábalos con un puño en tumulto lamentando el asado en que no estuve

y doña Amelia entonces dirá que no envejezco

y estoy como salido de la lluvia en octubre;

en tanto yo pregunto por María Cristina

con un pie en la nostalgia y el recuerdo en otoño.

Que es cuando llega Ángel Bustelo y pone

un Lambrusco del año que salvó de los últimos

cogollos de septiembre

y cantan celebrando la brasa y el rescoldo

el Chinchul Orellano, Barrionuevo

o el Armando Talquenca que nació sin medida

dentro de una tonada borracha de horizonte

y luego, tras la cueca de la Chiquita Almada,

como todo está ardiendo tomamos un caldillo

para que fuego y fuego acorralen al diablo

y uno mire esos ojos y olvide lo que ha visto.

Porque Samuel Werner ha empezado otro asado

– No vaya a ser que lleguen los de la Media Luna…

– Esos le dan al diente como jóvenes náufragos

Y la luna está sobre los Carolinos

(…)

Fragmento del poema de Tejada Gómez publicado en el libro “Canto popular de las comidas”{/slide}

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