La Palaya espera un playón deportivo para los niños

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Nació a fines de los años ’80, en general está bien equipado. Un clamor de la vecindad es que motos y otros vehículos circulen por sus calles a velocidad prudente.

Al sureste de Guaymallén, en Rodeo de la Cruz, se encuentra el barrio La Palaya, de unas 270 viviendas y 1.200 habitantes.

Los vecinos sostienen que La Palaya significa “buen amanecer”, sin otra connotación. Pero, los autores del libro “Guaymallén, punto de encuentro y proyección”, Eduardo y Claudio Kueter, señalan en su obra que el término “es el nombre que el huarpe le daba a sus pequeños campos de labranza”. Y añaden: “Al llegar los españoles, este nombre deja de utilizarse para denominarse chacra. Figura (el vocablo) en antiguos documentos de las primeras épocas coloniales, al punto que a las tierras del cacique Guamagual se las llamaba Palaya”.

El barrio se ubica al sur del carril Bandera de los Andes, a la altura del 7700, y al lado del control de la Empresa Provincial de Transporte Mendoza (EPTM).

Ese control, taller y oficinas de la empresa de trolebuses, que hace unas semanas movilizó a los vecinos para que no se trasladen a la estación Terminal de Ómnibus Padre Jorge Contreras, como está previsto.

La empresa Racconto Femenía, bajo la dirección del Instituto Provincial de la Vivienda, construyó el conjunto habitacional en los terrenos baldíos que había entre los barrios Aatra (trabajadores de comunicaciones) y Covimet. El mismo consta de 9 manzanas y fue entregado el 23 de diciembre de 1989.

El espacio donde se construyeron los hogares, al igual que otros barrios vecinos, se levantaron en tierras (viñas) que pertenecieron a la desaparecida firma Monclus.

Este rincón departamental, al igual que otros de las inmediaciones, es habitado por muchos pibes, que por no disponer de un espacio deportivo en sus contornos, tienen que jugar en la calle, y todos saben los peligros que esa circunstancia entraña. Por eso, una meta de La Palaya es disponer de un playón deportivo. La posibilidad es habilitar de nuevo las instalaciones que están a un paso, en el Covimet, y que marginales destrozaron en un pasado reciente, arrasando las instalaciones. La propuesta es hacerlo de nuevo y cerrarlo convenientemente.

En la casa de Mirta Favri (60), sobre la calle Cicciu, se arma una reunión espontánea entre vecinos, quienes contaron sus pareceres sobre el pago chico.

Mirta no sólo es una de las comerciantes del área, dueña de un surtido quiosco grande, sino que además acredita una vocación por la solidaridad, una forma de vida que afortunadamente hemos visto también en otras barriadas.

Hoy, víspera de Navidad, esta mujer, apoyada por sus hijas, se vestirá de Papa Noel y recorrerá las calles de su vecindad y de otros sitios cercanos, repartiendo juguetes y golosinas.
Los que la conocen dicen que siempre está dispuesta a ayudar y a solucionar problemas ajenos. En una ocasión una chica necesitaba de urgencia un ramo de flores para novia, y ella puso manos a la obra y en menos de una hora, el presente estaba listo.

Por otra parte, con su auto ha llevado a vecinos que carentes de movilidad necesitaban llegar a un hospital o gestiona alimentos para otros, sin contar que festejos tradicionales, como los días de la Madre o del Niño, la encuentran como activa animadora de esos acontecimientos.

La vecindad

palayaEl barrio está rodeado por otros conjuntos habitacionales de importancia, como Aatra, Covimet, San Cayetano, Escorihuela y Santo Domingo.

Tiene hogares de 3 dormitorios (en las esquinas) y el resto de dos piezas, y en general los ocupantes consideran que las casas fueron bien construidas. Además, fue entregado con cordones, cunetas y banquinas, equipamiento que no siempre cuentan otros hábitat s, por lo menos desde el inicio.

Otro militante barrial, Enrique Gómez, ponderó la dirección de obra que en el momento de la construcción ejerció el ingeniero Ricardo Alonso. Si el lugar está bien apuntalado en cuanto a la infraestructura, tiene una complicación que se repite por todo el Gran Mendoza: no hay forma de controlar la velocidad con que algunos inadaptados imprimen a sus motos o automotores.

“Se han puesto ‘lomos de burro’ en algunas arterias -explicó Gómez-, pero no es posible agregar más porque el municipio ha recibido planteamientos de las empresas de colectivos y de camioneros, que no quieren tener ese obstáculo al desplazarse por las calles internas”. Los problemas de la alta velocidad como el ruido de los rodados de dos ruedas, se podría remediar con periódicos controles de policías viales. Los habitantes no quieren que la reacción llegue después de un lamentable y fatal accidente.

Largos plantones

El barrio no tiene centro de salud, pero sus moradores se trasladan hasta el vecino Escorihuela, donde funciona el local asistencial 210, de gestión provincial. El edificio es cómodo, grande y bien cuidado, pero los residentes, especialmente las mamás, tienen que hacer largas esperas para obtener un turno.

Es lo que le ocurrió a Gisela Paz (22), quien llegó a la puerta de la sede asistencial a las 4 del miércoles pasado, con el cometido de hacer ver a su chiquito de 2 años. Cerca de las 11 fue atendida. Lo mismo planteó Mirta Agüero (32), que tiene un récord: una vez se instaló a la 0 hora para obtener un turno, sosteniendo a su hijito de un año y 11 meses. “Pedimos -sostuvo Stella Maris Moyano- que haya más profesionales, en pediatría, análisis y odontología para los pacientes menores”.

Pese a las dificultades que nunca faltan en las barriadas, en La Palaya hay mucha gente contenta de vivir en el lugar. Lo expresó así el ya nombrado Enrique Gómez, y la misma opinión vertió Federico Videla (14). “Este es mi barrio y de aquí no me voy”, dijo el pibe que pasó a noveno año de la secundaria.

Otro contento con el el lugar donde vive es Julián Miguel Guevara (69), integrante fundador del grupo de música mexicana “Mariachi Veracruz” y del conjunto San Agustín.

Fuente Los Andes

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