Memoria Verdad y Justicia para Paco Urondo

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Renée Ahualli es la única sobreviviente de aquella emboscada ocurrida en una esquina de Guaymallén que terminó con la vida del dirigente montonero y la desaparición de su pareja. También se salvó la hija de ambos que tenía 11 meses. La Turca cuenta aquí aquel ataque y cómo escapó milagrosamente.

Finalmente a partir de mañana, 34 años después, se comenzará a saber quién mató a al dirigente montonero y recordado poeta Francisco Paco Urondo. Será uno de los 19 casos que serán juzgados por el tribunal federal designado para sentenciar en las causas en que están acusados 10 represores que respondieron al ex jefe del Cuerpo III del Ejército, el temible Luciano Benjamín Menéndez. El histórico juicio unificado buscará conocer a los culpables de las muertes de 30 personas en la época de plomo de los años ’70.
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Si bien Menéndez está acusado por el asesinato de Urondo será juzgado en otro proceso porque está en Córdoba donde es juzgado junto a Jorge Rafael Videla en la mega causa por los crimenes de lesa humanidad.

Los otros acusados son los militares Tamer Yapur (primer interventor militar de Mendoza), Orlando Dopazo y los ex policías Juan Oyarzábal y Luis Alberto Rodríguez y Celestiano Lucero y Armando Osvaldo Fernández. A ellos se suma el médico Raúl Corradi acusado de encubrimiento.

Hace cuatro años la actriz Renée Ahualli llegó a Mendoza para dar su testimonio ante el juez federal Walter Bento. En abril de 2006 la mujer llegó desde Tucumán donde reside con el propósito de contar aquella historia violenta que ocurrió el 17 de junio de 1976. En aquella oportunidad no pudo hacer su relato frente al secretario del juzgado federal por las objeciones que plantearon los abogados de los acusados. Hace un año regresó y finalmente lo hizo y de paso retornó al lugar del crimen del cual fue la única testigo directa.

“Fui varias Mendoza por este motivo, la verdad es que una parte de mi está allá, cuando volví a la esquina de Remedios de Escalada y Tucumán donde me encontré con Ángela (Urondo, hija de Paco) y con Carlitos, el vecino que me ayudó y me dijo por dónde escapar de los represores, cuando lo conocí fue muy emocionante porque él se acordaba de todo”, dijo esta mañana a MDZ desde Tucumán.

“La Turca” como la llaman a Ahualli, llegó a Mendoza en 1973 con 32 años de edad y cuando ya era integrante de Montoneros. La mujer tiene actualmente 69 años y es docente universitaria y recuerda cada detalle de aquel suceso. Hace cuatro años la entrevisté para el diario Los Andes. Éste es el recate de aquella crónica ante el advenimiento del debate oral y público.

 

Junio de 1976. Así presentóel caso Los Andes.

La tarde de ese día invernal la militante montonera viajaba en el asiento trasero del Renault 6 que conducía Urondo junto a él se ubicaba la pareja del dirigente montonero Alicia Rabboy (todavía desparecida) también se encontraba en el auto la pequeña Ángela de 11 meses, hija de Urondo y Rabboy. que luego fue recatada por sus familiares de la Casa Cuna. Fue una redada preparada por un operativo de fuerzas conjuntas donde terminó con el auto de Urondo rodeado en la esquina de Remedios de Escaladas y Tucumán de Guaymallén. Las crónicas de aquella época se basaron en los comunicados del Comando del III Cuerpo de Ejército firmados por Menéndez.

La Turca asegura que Urondo antes de caer se tomó una pastilla de cianuro y los efectivos de la Octava Brigada de Montaña y la policía local intentaron provocarle el vómito sin lograrlo para después rematarlo. La agencia oficial de noticias Télam, no identificó al dirigente montonero y se lo marcó como un “delincuente subversivo”.

A Urondo se lo reconocía por su calidad poética y periodística, pero también era un alto dirigente montonero conocido como “Ortiz” que había llegado a Mendoza en mayo del ’76 para comandar las acciones de la “célula” en Mendoza. “La decisión de mandar a Paco a Mendoza no fue acertada, él era un intelectual y un periodista excelente y tendría que haber seguido en esos ámbitos”, admite Ahualli.

Éste es relato minucioso de Renée Ahualli de aquella tarde del 17 de junio de 1976

“Aquella tarde Paco se había percatado que algo raro había. Cuando subí al auto me dijo: ‘Mirá Turca no me gusta mucho todo esto porque yo quiero que vos veas que conocés más Mendoza que yo’. El error fue pasar dos veces por el mismo lugar. Porque si había alguna duda nos tendríamos que haber ido.

“Estaban armados hasta los dientes. Paco había visto cerca del punto de control demasiado gente en la vereda era todo muy burdo armaron toda una escena. Los que nos atacaron estaban caracterizados. Nos encerraron en la esquina de Remedios Escalada y Tucumán después de una persecución y una balacera.

“Cuando me bajé del auto él (Urondo) no estaba herido, pero el policía que me perseguía a mí tenía la cara llena de sangre. Después me contaron que lo bajaron del auto de los pelos y parece que le dieron un culatazo y un tiro en la nuca.

“Yo escapé herida en las dos piernas porque una de las balas de rebote me pegó en una pierna y me traspasó a la otra sin que me dañara algo importante. La verdad que tuve suerte. Me subí al trole y anduvo dos cuadras y subieron por las dos puertas buscando a alguien herido, no había mucha gente.

“Desde el trole llegué a ver los caños de las escopetas recortadas y ametralladoras que salían de los autos como si fuera una guerra. Al compañero que les ‘cantó’ la cita lo reconocí, lo tenían en un auto, un Peugeot 404 rojo que había sido nuestro. Me mezclé entre la gente que se acercó a mirar por la ventanilla. Y recién después que pasamos el canal Cacique Guaymallén me empezaron a doler las piernas. Ahí volví a nacer…

“Las citas ‘cantadas’ ocurrían en el resto del país. Tomaban prisionero a algún compañero y lo llevaban a marcar gente en la calle. O los hacían ‘cantar’ y después los llevaban a las citas para identificar a los otros. Y después de eso decían que era un enfrentamiento cuando en realidad eran emboscadas.

“Se llamaban citas ‘envenenadas’ por la decisión, en este caso de Paco, de envenenarse antes de entregar información. La verdad es que uno no sabía que iba a ocurrir con los dolores humanos por las crueles torturas si caíamos en manos enemigas.

“Cuando sabían que teníamos comprimidos de cianuro, lo primero que querían sacarnos las pastillas. A Paco parece que le metieron algo en la boca para hacerlo vomitar pero ya era tarde.

“No juzgo a los que han ‘cantado’ porque yo no sé que hubiera hecho ante la tortura. En este caso Paco antes de caer el decidió sobre su vida”.

Luego de salvarse de aquella celada urbana Ahualli viajó a Buenos Aires y escribió el informe sobre el que Rodolfo Walsh, amigo de Urondo, relató: “Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera (la Turca). Finalmente el Paco frenó, buscó algo en su ropa y dijo: ‘Disparen ustedes’. Luego agregó: ‘Me tomé la pastilla y ya me siento mal’. La compañera recuerda que Lucía dijo: ‘Pero papi, por qué hiciste eso’. La compañera escapó entre las balas, días después llegó herida a Buenos Aires”, explicó Walsh.

Fuente MDZ

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